miércoles, 16 de enero de 2013

El chapín.


Con la intención de retomar las publicaciones en este blog, he decidido ir incorporando algunos artículos que en realidad son borradores de lo que con posterioridad irá apareciendo en el blog del Diccionario de Indumentaria.

El motivo de haber seleccionado esta entrada, es porque he advertido que en el ambiente fallero, se le llama chapín al zapato en general que llevan las falleras. Con la lectura de este articulo, se podrá advertir que es totalmente incorrecto.

También quiero advertir al lector que al tratarse de un borrador, se encontrará que en algunos momentos lo escrito parece incompleto y que falta algo. La verdad es que este articulo cuando esté terminado y listo para colocar en el diccionario, será mucho mas extenso.


El chapín.

Valenciano : tapíns, japíns, xapíns.

Aunque aparece en documentos del siglo XIV, el primer diccionario que lo registra es el Dictionarium hispano-latinum de Antonio de Nebrija. Salamanca.1495. Que indica : el Chapin de muger.LAT. Solea, solae,. Sandalium: Chapinero que los haze. Chapineria donde se venden. sandaliarium. Solea/ae. por alcorque o chapin . Soles/ ae. por la herradura para herrar. Como vemos lo iguala a alcorque.

Pedro de Alcalá en su Arte para ligeramente saber la lengua araviga, en 1515, transcribe el termino de chapín como chipin. Lo que corrobora  Mármol, en sus Guerras civiles de Granada, llamandolos chapinitos. En el Vocabulario de Germania de Juan Hidalgo, publicado en 1609, les llama adornos.

Sebastián de Covarrubias nos lo describe en 1674, como: Calçado de las mugeres, con tres o quatro corchos, y algunas ay que llevan treze por docena, y mas la ventaja que levanta el carcañal. En muchas partes no ponen chapines a una muger hasta el día que se casa, y todas las doncellas andan en çapatillas.

El diccionario de la RAE, lo registra en 1729, como: Calzado propio de mugeres sobrepuesto al zapato, para levantar el cuerpo del suelo; y por esto el asiento es de corcho, de quatro dedos o mas de alto, en que se asegura el pie con unas coregüelas o cordones. La suela es redonda, en que se distingue de las chinelas. Oy solo tiene uso en los inviernos, para que levantados los pies del suelo, asseguren los vestidos de la inmundicia de los lodos.

Esteban Terreros en 1785, hace eco de los anteriores y dice: Especie de calzado. En España los hai de varias especies. Se dice poner en chapines, a casarla, porque solo podían traer chapines las casadas. Chapin de ataujia, era el bordado en seda y oro con variedad de colores. Chapin-zanco, era el chapin mui alto.

Juan Corominas en su Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana. Madrid.1954. v.2, p.23, dice que chapín se deriva del sonido chap, chap, que hace el zapato al andar arrastrando los pies. Pero yo veo otra posibilidad, que hasta el momento nadie ha mencionado. Creo que seria posible que su etimologia pudiese venir del valenciano tap, que es el tapón de corcho, precisamente el material utilizado para la construcción de los tapines.

Términos relacionados con chapín son: Alcorque, zueco, coturno, chanclo, chinela, servillas, patínes, soleta, pantuflo, abarquetas, polaina, zapato, borceguí, botín, botina, calzado, corchos, galocha, mulillas, chapel…
Otros términos relacionados con su producción: Ataujia, bedellín, branca, brindel, capellada, chapinero, chapineria, manigordo, obra prima, alcorza, virilla, plantilla, oropel,

Probablemente el origen del chapín, habría que buscarlo en el coturno griego. El coturno, fue un zapato utilizado por los actores principales, para diferenciarse de los secundarios, denotando así su mayor mayor nivel.

El coturno, continuó utilizándose durante todas las épocas, como indumento especifico de las representaciones teatrales ambientadas en la epo clásica, y especialmente en el Barroco. Pedro Calderón de la Barca, en el Veneno y la triaca, parece darnos a entender que incluso son una misma cosa:

El coral, árbol del mar,
de su seno azul turquí
sacaré, y pegada a él,
haciéndosela escupir,
la espuma de la ballena,
convertida en ámbar gris;
por que la tierra, y el mar,
obedientes a este fin,
te tributen sus tesoros,
para adornar y lucir
las cintas de tu coturno,
los lazos de tu chapín.


Los chapines eran calzado más propio del traje de las damas de la Corte, incluso existían diversas pragmáticas de los siglos XVI y XVII, que obligaban a las señoras a llevar chapines con los fundamentos de ruedo. Sus características principales y distintivas eran no tener talón y su gran altura de suela.

Carmen Bernis, los considera como una prenda genuinamente de la mujer y española que dio características especiales al traje femenino español del siglo XVI e influyó también en las modas europeas de entonces. Los comerciantes genoveses y venecianos, se encargaron de difundir la moda entre las clases altas de todos los lugares en los que practicaban el comercio, lo que supone que era una buena parte de  Europa.

Lo cierto es que en un texto anónimo, que parece ser una autobiografía del propio Esteban Gonzalez, y que se titula La vida y hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor, dicho texto se publicó en Amberes en 1646 y en Madrid en 1652. Al parecer se trata de un acompañante del duque de Amalfi, y en el, se indica que los chapines, al menos en aquella época, no se utilizaban en Alemania: Llegamos a Viena, adonde sin limpiarse las botas de las salpicaduras del camino fui a besar la mano a la Cesárea Majestad de la Emperatriz María, la cual, con ser yo pequeño y no usarse en Alemania chapines, me hizo grande del Sacro Imperio; mandome cubrir como a potentado.

Otro texto anónimo, aunque atribuido a Cristóbal de Villalón o Andrés de Laguna, titulado el Viaje de Turquía o la odisea de Pedro de Urdemalas. (1557), en la que se relata un supuesto viaje, pero que habría que pensar que fue un viaje real del autor, aunque nos propone como nombre el de Pedro de Urdemalas, conocido personaje folclórico que forma parte del folclore popular español de la mayor parte de la península y que habría que hacer un profundo estudio de este personaje, probablemente aragonés, nos viene a documentar que el chapin no era conocido en ciertas partes del mundo: Pedro.-  Muchas maneras de chamelotes y de diversos colores, y otras telillas, y muy buen paño finíssimo y bien guarneçido, aunque tampoco pueden echar toda la guarniçión que quieren. Mata. -¿Traen por allá  chapines?  Pedro. -Ni mantos, si no es en Siçilia. Juan. -¿Con qué van a la iglesia?  Pedro. -En cuerpo, y darán por llebar aquel día una clabellina, jazmín o rosa, si es por este tiempo, uno y dos ducados.…
Pedro. - En toda Levante, digo, en cuanto manda el turco, no hay mujer de condición ni estado ninguno que no traiga zaragüelles y se acueste con ellos, y no se les da nada que las veáis en camisa. Juan. -Ése es buen uso. ¿Traen chapines?  Pedro. -No saben qué cosa es. Mata. -¿Qué hábito traen? ¿cómo bisten?  Pedro. -Yo os tengo dicho que si no es en el tocado, todo lo demás …

El chapín era un calzado que podía ser extremadamente lujoso, ya que por sus características permitían la decoración con materiales ricos, a pesar del gran deterioro que se producía de arrastrarlos continuamente por el suelo y especialmente, si tenemos en cuenta el estado de las calles, que cuando llovía se convertían en verdaderos lodazales y charcos, que en muchas ocasiones serian infranqueables por las mujeres.

María de  Zayas y Sotomayor, en El castigo de la miseria, los cita como un objeto de mucho valor: con menos razón, quiso tomar un faldellín para salir a buscar su fugitiva criada; mas ni él, ni el vestido rico, con que se había casado, ni los chapines con viras, ni otras joyas que estaban en una salva, porque esto y el vestido de don Marcos, con una cadena de doscientos escudos…

Por una descripción de José de Acosta,en su Historia natural y moral de las Indias, publicada en 1570, conocemos que en ocasiones los chapines podían ir cuajados de perlas: Fueron locuras de aquellos tiempos éstas, y las de los nuestros no son muy menores, pues hemos visto no sólo los sombreros y trenas, más los botines y chapines de mujeres de por ahí cuajados todos de labores de perlas…

Podríamos pensar por esta razón que los chapines serian exclusivos de las importantes clases sociales, de damas de alto linaje y de reinas, pero no era así, ciertas clases intermedias los poseían o incluso se utilizaban en tareas agrícolas por las labradoras. Es el caso de las capitulaciones matrimoniales de Isabel del Barco, labradora de Zaragoza que aporta: unos chapines de paño nuebos. AHPNZ, 1607, Protocolo de Mateo Villanueva, estudiado por Israel Lasmarias Ponz. Cierto es que los materiales y decoraciones de las mujeres con alto poder adquisitivo, serian totalmente distintas de las labradoras y menestralas que no podían hacer grandes esfuerzos económicos.

Las clases intermedias debian considerar el chapin como prenda importante, ya que se hace constar en testamentos junto a ropas caras y joyas, veamos el testamento de Gaspar de la Plaza, platero de oro de Madrid, en el año 1.617. AHPM, Diego Ruiz de Tapia, Prot. 2283, fols. 942-947vº: - Ítem, yo, el dicho Gaspar de Plaza, mando a la dicha Leonor Romano, mi mujer, el oro, plata y joyas que tiene la susodicha de su servicio y sortijas de piedras finas de diamantes, rubíes, esmeraldas y zafiros. Y sólo con que ella diga que las /(fol. 944vº) joyas que señalare son de su servicio se le den sin otra prueba alguna y más un vestido de los suyos, el que ella escogiere desde la camisa a los tocados, manto y chapines. Y esto la mando por el mucho amor que la tengo y lo que la debo de los muchos regalos que en esta vida me ha hecho para que haga y disponga de ello libremente como quisiere.




Degollación de San Juan Bautista. Maestro de Miraflores. Procedencia Museo de la Trinidad. 1490-1500. Actualmente en el Museo del Prado.

Pedro Fernandez de Navarrete, en su Conservación de monarquias y  Discursos políticos, recrimina duramente la utilización del oro y los diamantes para la confección de chapines. Claramente se evidencia lo excesivo que resultaria el uso de estos materiales para una prenda que al fin y al cabo estaba destinada a rodar por el suelo y enbarrizarse en caso de lluvia: Ha llegado el exceso á tanto, que algunas mujeres han comenzado á poner en los chapines virillas de oro, y no ha faltado quien las haya claveteado con diamantes, exorbitancia y exceso que no conocieron las Faustinas y Cleopatras.

Alfonso de santa Maria de Cartagena, judío converso que fue obispo de Burgos, diplomático, historiador y escritor, en su Discurso sobre los malos trajes, censura el empleo de paños de mucho coste y de sedas en el forrado.
Continua después insistiendo sobre el Asunto, quejandose de la plata empleada en varias cosas, entre ellas en los chapines: Hay en el día de hoy mucha ocupada en servicio de mesa, en cántaros, en bacías, en bufetes, en virillas de chapines, en ramilleteros y en tiestos para yerbas, y otros vanos ministerios…También han reparado algunos en la mucha cantidad de plata, que ocupada en virillas de chapines, hace falta para el comercio del reino, cuya riqueza consiste en el continuo manejo del dinero…

O en otro texto de Pedro Hernández de Villaumbrales y que se titula Peregrinación de la vida del hombre, nos indica la utilización de materiales preciosos: Sus chapines eran de terciopelero verde cercados de piedras de diamantes. Y otro de similares características de Diego de Colmenares en
Historia de la insigne ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla. 1618, donde dice: “y en las mujeres era el esceso de galas tanto, que algunas despreciando la plata, por tan común, habían osado echar en los chapines virillas de oro con clavos de diamantes….”

Aunque el termino chapin o tapí en valenciano, parece designar a toda una pequeña familia de calzado, lo cierto es que no he encontrado documentos que el zapato masculino se le llame chapín, en cambio todos los documentos y autoridades que conozco nos indican chapines femeninos. En cambio en el Libre del Mustaçafde Valencia, se indica este hecho: ..top tapi de hom y de dona. Tambien las ordenanzas de Barcelona nos hablan de tapines para hombre y que además deberían ser muy similares a los valencianos: Si donchs no eren sclops o tapins o qualseuol altra cossa que servesca per a home, 1475 (Ordenanses de la confraria del ofici dels tapiners, picadors e pintors de tapins de la ciutat de Barcelona -5475.1633- vof 5. The Hispanic Society of America, New York.

En el Archivo de Protocolos de Zaragoza, año 1519. se conserva entre los protocolos del notario, Luis Navarro, el inventario de los bienes muebles que fueron del matrimonio formado por Johan de Aynsa, Infanzón y mercader, y de Thomasa Crexencan, vecinos de Zaragoza, en el que se citan: Ytem un par de chapinetas de hombre. Es este el único documento que conozco, en que al chapín masculino, se le llama chapineta.

Los chapines eran calzado de mujeres adultas, como ya nos lo indica Covarrubias en su diccionario y que alude Luis de Góngora cuando, en el Romance de Píramo y Tisbe dice, refiriéndose a la edad de Tisbe: entre mozuela y rapaza, pocos años en chapines,  con reverendas de dama.

 Cierta costumbre castellana era que en el día de la boda comenzaran las mujeres á usar el chapín, por lo que vulgarizó la frase que decía que la que se casaba se la ponía en chapines. Un texto de  Fernán González de Eslava de 1569, titulado Coloquios espirituales y sacramentales, lo corrobora: Merecimiento. - A las bodas, y en entrando al Esposo le demando que merezca yo besar la tierra que va hollando. Nueva España. - Yo querría los chapines llevar a la desposada.

A esto mismo, hace referencia el propio titulo de una rima de Bartolomé Juán Leonardo de Argensola, y que lleva por titulo: A la duquesa de Villahermosa, doña María de Aragón, cuando, saliendo de Menina, se calzó chapines. Dejando claro que era precisamente el paso de mozuela, a lo que en aquellos momentos se considerba mayor de edad. En la misma linea nos habla Gabriel Bocángel y Unzueta, en su obra La lira de las musas:
A una señora muy bella, el primer día que se calzó chapines  Décimas Ya no sin trono reside el ídolo de la Corte; ya más elevado el norte riesgos mayores nos mide.

Caso similar era el entrar en profesión de alguna orden religiosa, y así lo describe Francisco de Herrera Maldonado, en una de sus epístolas, en la que nos habla de la profesión de su hija, y que fue publicada en el año 1624: No vi en mi vida tan hermosa dama, tal cara, tal cabello y gallardía : mayor pareció a todos que su fama.
Ayuda a la hermosura la alegría, al talle el brío, al cuerpo que estrenaba
los primeros chapines aquel día... Pero mejor el Ángel de la Guarda, que la llevaba a su divino Esposo, para quien años deciséis le guarda.

El chapín, parece formar parte obligatoria del dote de cualquier mujer de cierto poder adquisitivo, como nos lo indica Antonio Liñán y Verdugo, en su Guía y avisos de forasteros que vienen a la Corte: son grandes los desórdenes á que han llegado los gastos de las mujeres, y que gastan más ahora en aceites, en cintas de colores y en virillas para los chapines, que antiguamente se daba en dote á una mujer de mediano estado. -¿Quién tiene la culpa de eso -dijo el Maestro- sino ellos?...

En Galicia, había una costumbre de que terminada la boda, la novia pasaba el zapato entre los asistentes a la ceremonia para recaudar fondos para el matrimonio. Probablemente esta costumbre era un recuerdo del antiguo tributo llamado “chapín de la reina”, recaudado para subvencionar las bodas reales.
De esto nos habla Prudencio de Sandoval en su obra Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V: En Castilla ninguno puede haber mayor, porque como lo sabemos los que tenemos vasallos, todos están tan necesitados con haber crecido tanto el servicio, y ser tan contino, que no acabamos de cobrar nuestras rentas; pues, ¿qué, habiendo sobre esto sisa? Así que todo lo que tenemos, con mucha parte de ello se nos iría en lo que pagaban nuestros vasallos a Su Majestad, y aunque viviendo Su Majestad, como placerá a Dios que viva más que nosotros, se haya de creer que nos guardará lo que nos ofrece, que sea por tiempo limitado la sisa, ¿qué seguridad puede haber de que los reyes que después hubiere lo cumplan así con nuestros sucesores? Que todos los más creo que sabemos que el servicio que agora hay, vino de las Hermandades que los Reyes Católicos pusieron al tiempo que comenzaron a reinar, y tras ellas vinieron las que se repartió para los chapines de las infantas, y cuando esto cesó, entró en su lugar el servicio, y al comienzo era muy poca cosa, y de tiempo a tiempo agora viene a ser contino, y pagarse en cada un año cien cuentos.
Dice Luis Cabrera de Córdoba en Historia del rey Felipe II, precisamente sobre este asunto que: los procuradores de Cortes (1599) han concedido a S. M. el servicio ordinario, que son 150 cuentos y otros 150 cuentos para los chapines de la Reina.
Pienso que el chapín pudo llevarse directamente sobre el pie, pero lo normal y de lo que tenemos constancia es de llevarse sobre otro calzado blando como era la servilla o gervilla. Parece dejar constancia de ello la cita de Jorge Manrique, en Elvira de Castañeda, donde da a entender que chapines, escarpines y chinelas, eram para utilizarlas conjuntamente:  
     Y en el un pie dos chapines
 y en el otro una chinela;
  en las manos escarpines,
y tañendo una vihuela;
un tocino, por tocado;
 por sartales, un raposo;
 un brazo descoyuntado
y el otro todo velloso.

 En el Arancel de zapateros de Navarra, 1552, fol LIX, se indica claramente que había: zapatillas para con chapines y las de para sin chapines de bedellin y de lanigordo. De ello hace eco Miguel de Cervantes Saavedra, en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, dando a entender que el largo de las faldas, unido a la altura del chapín, ya no dejaban ver las zapatillas: en zapatillas, algo feas, porque las basquiñas y ropas de sedas y brocados, que están cortadas a la medida de la disposición que tienen sobre los chapines, les vienen largas de tal modo que arrastran dos palmos por el suelo; y así no dejará esto de ser alguna pequeña imperfección en la dama.  

 También debieron de utilizarse con escarpín que se colocaba debajo de la calza y esta directamente con el chapín. Y así nos lo indica Mosén Jaume Roig, en Lo libre de les dones, dentro de una extensisima relación de prendas de indumentaria, joyas y perfumes: …prou atzebeja, claver, correja, bossa, aguller, pinta, crencher, stoigs, gavinets, guants, ventallets, calçes, tapins, ab escarpins de vellut blau, mig cofre e clau…O sobre las chinelas como nos dá a entender Juán Luis Vives, en uno de sus dialogos, en el que Belio le dice a Gomecillo: Pues sujétala con un alfiler para que no cuelgue. Dame los cenojiles o ligas. A lo que contesta Gomecillo: Ahí los tienes. Ya te preparé los chapines con las chinelas cubiertas bien limpias de polvo.
   
En Las lágrimas de Angélica. 1572. Luis Barahona de Soto, la dama en cuestión. Parece no haberse aun puesto los chapines y andar solamente con mulillas. De toda manera por el momento aun no tengo claramente cual era el calzado denominado mulillas. Y dice así: después colguéme un medio verdugado, que como quiera han de pasar cochura las damas, y cual vez traigo esterillas, y cuál voy sin chapines en mulillas. Con esto voy no menos elegante que fui, cuando más moza antiguamente…

Finalmente una cita de Francisco Eximenes, en el Carro de les dones, nos indica que tambien podían llevarse con polainas: que todas van de fiesta todo el día, cantando en francés todas almizcladas y con olor de Timem (?), y solamente de punta tocan en tierra cuando van en chapines y polaynas.

Sobre las características esenciales que ya hemos comentado con anterioridad, una era la altura. Esta fue criticada y reida continuamente por la mayoria de los escritores de la época. El confesor de Isabel la Catolica, fray Hernando de Talavera, en su Tratado de los pecados que se cometen en el vestir y en el calzar, nos dice hablando de los chapines: Son de diversa manera obrados y labrados, castellanos y valencianos; y tan altos y tan gran cuantidad, que apenas hay corchos que los puedan bastar. Posteriormente Bartolomé Jiménez Patón, en sus Comentarios á dicho      tratado, añade: Se veían chapines casi tan altos como las mismas       mujeres, pues los había de 24 corchos y chapines y xervillas que tenían de coste 700 reales.

Covarrubias coincide con Talavera en admitir que los chapines podían aumentar en un codo la altura de una mujer, cosa que podría parecer imposible si no existiesen en el Museo de Cluny ejemplares venecianos del siglo XVI catalogados como midiendo 49 cm. de altura.


Chapin veneciano del siglo XVI.

Juan Cortés de Tolosa, en su Lazarillo de Manzanares en 1620, nos hace una descripción exagerada de lo que elevaban la estatura: Considero yo por tara los chapines, ya queda una mujer media, sin ropa, basquiña y faldellín, ya no queda nada, y más si se pone un capillo de lienzo en la cabeza. O Francisco de Quevedo en Los sueños, que la reduce a la mitad: Si la besas te embarras los labios; si la abrazas, aprietas tablillas y abollas cartones; si la acuestas contigo, la mitad dejas debajo la cama en los chapines.

Un texto de Francisco López de Gómara, su Historia General de las Indias de 1538, en que nos hace la siguiente reflexión: no son menores las indias que las mujeres de acá, sino que como no traen chapines de a palmo ni de palmo y medio, como ellas, ni aun zapatos, parecen chicas… Son muchas las referencias que aparecen a la utilización de chapines en los territorios de las colonias. En el Inventario de los bienes de María Ruiz de Monjaraz en 1.566, Archivo de la Villa de Colima de la Nueva España, publicados por José Miguel Romero de Solís, aparecen: Un par de zapatos de vaqueta, 6 tomines; dos pares de chapines de cuero, 4 pesos; unos alcorques, 2 pesos; unos zapatos de cordobán, 1 peso y 2 tomines…En este documento podemos ademas apreciar que la propietaria tenia varios tipos diferenciados de calzado y que los alcorques son distintos de los chapines.

De la ciudad de Arequipa en el año 1.551, de donde conocemos los precios de las operaciones realizadas en los chapines: De armar unos chapines trayendo el terciopelo o paño dos pesos…De unos chapines de cuero poniendo los corchos dos pesos. Fray Toribio de Motolinía en una carta de al Emperador Carlos V. 1555, nos comenta sobre la producción de chapines en las colonias americanas: Han deprendido a curtir corambres, a hacer fuelles de herreros, y son buenos zapateros, que hacen zapatos y servillas, borceguíes, y pantuflos, chapines de mujeres, y todo lo demás que se hace en España: este oficio comenzó en Michuacán, porque allí se curten los buenos cueros de venados.

El colmo de la exageración en altura llega con la descripción de Jerónimo Alcalá, que en su Donado hablador, escribe: «Salió, pues, mi deseo de dama, vestida á lo grave, alta de cuerpo, muy derecha, sobre media vara de chapines con sus virillas de plata de un gran xeme.». Media vara castellana equivaldria a casi 42 cm, lo que resulta casi increible. Pero el ancho de la virilla es tambien sorprendente, ya que si tenemos en cuenta que el xeme, o eixem en valenciano, es la medida que depende mas que ninguna de la mano con que se mida, tendriamos que un gran xeme, como se indica en el documento, nos situaria con un ancho superior a 14 cm.



Chapin de finales del siglo XV, realizado en madera y piel, que mide 50 cm de altura. Museo Correr de Venecia



Y esto no solo entre los autores españoles, es el caso de William Shakespeare, que pone en labios de su Hamlet: Vuestra merced está más cerca del cielo que la última vez que la vi desde la altura de un chapín.

Lope de Vega, en El perro del hortelano. 1598, los equipara a balcones: No la imagines vestida con tan linda proporción de cintura, en el balcón de unos chapines subida. Con todo esto queda claro que los autores del momento, tienen la opinión generalizada de que una mujer vestida con saya o con saboyana y basquiña o guardapies, resultaba un total engaño. Asi lo manifiesta Francisco de Quevedo en un Romance titulado Instrucción y documento para el Noviciado de la corte, en que denuncia: Altas mujeres verás, pero son como colmenas: la mitad huecas y corcho, y lo demás miel y cera. Entre mentiras de corcho y embeleços de vestidos la mujer casi se queda a las orillas en lío.

Tomás de Trujillo en un libro llamado Reprobación de trajes, y abuso de juramentos. Estella, 1563, critica duramente los chapines, llamándolos deshonestos y profanos: Las mugeres que quiere enmendar la cantidad de sus cuerpos, y la proporción de sus estaturas, con chapines profanos de como el omnipotente Dios las hizo se quexá del, y de la hechura de sus manos acrescentando la estatura con chapines muy altos, y deshonestos: querido reprehender a Dios por te haver hecho tan baxa, y a tus ojos desproporcionada. No tienes temor que por verte assi tan disfrazada, y trováda, de como el te hizo. Tu no eres obra de mi mano ni hechura a mi semejanza . No es mi intento por lo que tengo dicho generalmente prohibir a las mugerés el uso de los chapines: porque les son provechosos para dos cosas. La una, que se sirven dellos como de coxines y assientos, convenientes para ser calidos. La otra, que por ser de tanto embarazo, hazen tener mas quietud a muchas de la que tuvieran: si zapatos tan solamente calçarán, Assi que bien vsados, son tan prouechosos para la salud del cuerpo y para la modestia exterior de las costumbres.



Pedro Berruguete. Santa Elena, reina de Constantinopla buscando la Cruz. Museo de la parroquia de Santa Eulalia. Paredes de Nava. Palencia

De la misma opinión es El tratado sobre el vestir, calzar y comer del arzobispo Hernando de Talavera. Escrito en Valladolid en 1477, en el que el arzobispo critica duramente el despilfarro que suponian los chapines, al tener que hacer los vestidos mucho mas largos de lo que se deberia: Y cresce tanbien en esto la demasia y el peccado quando sin prouecho alguno anda todo ello por el suelo arrastrando, especialmente quando trayan faldas que auian menester poco menos cherrion para leuarlas. Y avn no es sin peccado traer chapines muy altos que hazen crescer la costa e quantidad del paño, demas de ser pecado de soberuia y de mentira, ca se fingen con ellas y se muestran luengas las que de suyo son pequeñas, e quieren emendar a Dios que hizo a las mugeres de menores cuerpos que a los onbres.
Las Cortes constitutivas de la Generalitat Valenciana, celebradas en el convento de Predicadores en 1418, en su rubrica XXII, establecen las disposiciones sobre la forma de vestir y sus limites. Solo haremos referencia a los articulos que afectan a este tema:
- Alcuna dona de qualsevol ley, estament o condició que sia en lo dit regne no gos portar ne rocegar dins lo dit regne faldes de tres palms de largaria avant los quals tres palms sien comptats de terra estant la dona ab tapins’ (VII).
- Alcun sastre no gos tallar alcuna roba de dona que haja pus de tres palms avant de faldes’ (VIII).
- Alcuna persona habitadora del dit regne… no gos ne presumesca metre ne fer metre ne portar alcuns vestirs, robes, ligars, calçars o altres arreaments dor, argent, perles, pedres fines, brodadura, orfaberia, argentaria, fullateria, bollateria o altre semblant obratge….’ (IX).
- Alcuna dona no gos portar tapins cuberts sino de cuyr o oripell sens flocadura alcuna’ (XI).
Como vemos estos artículos, establecen para el reino valenciano que en esta epoca, que las delanteras de las faldas no puedan tener mas de tres palmos valencianos (aproximadamente unos 68 cm) incluyendo en ellos los chapines; que no se puedan llevar en ellos guarniciones de oro, plata, perlas, piedras finas, bordados, flocaduras y otras obras similares. Precisamente todos los excesos que parecen producirse mas tarde durante la época barroca.
Precisamente sobre este tema de que se llevase el largo de las faldas, de forma que no se viesen los pies nos hace detallada descripción Mme. D'Aulnoy, en su Relation du voyage d'Espagne: Estas faldas son tan largas por delante y por los lados, que arrastran siempre mucho, y jamás arrastran por detrás. Las llevan a flor de tierra; pero prefieren tropezar al andar, afin de que no se pueda ver sus pies, que es la parte del cuerpo que ocultan más cuidadosamente.

Pietro Bertelli realizó al menos tres versiones de su grabado de la cortesana. En esta versión se levantaba una solapa que dejaba ver la ropa interior y los chapines.

Así mismo, se critica tambien el largo excesivo de las faldas con la intencion de no dejar ver los pies, lo que probablemente hizo que la falda adquiriese entonces el nombre de guardapies y lo conservase aun muchos años después, aunque su largo ya se hubiese acortado. A esto hace referencia el dominico Juán Bautista Labát, en su Viaje a España e Italia, a principio del siglo XVIII, nos habla de esa costumbre: Las mujeres que van a pie por las calles jamás se recogen sus faldas ni sus guardapiés por mucho barro que haya; es más decente recoger un pie de barro y de porquerías que dejar ver la punta del pie, porque una mujer que deja ver su pie a un hombre le declara por eso que está dispuesta a concederle los últimos favores.

En realidad, durante toda la época del barroco, los pies de las mujeres eran ocultados por el largo de las faldas, considerandose el mostrar los pies algo indecente y de alto contenido erotico. El texto anterior del dominico Lavat y el de a continuación de Pierre de Villars, marqués de Villars y embajador francés en España, nos dan una clara idea de hasta donde llegaba la importancia de mostrar el pie. Villars describió en sus Memorias de la corte de España desde 1679 hasta 1681, de un percance de la reina, en el que queda manifiesto lo indiscreto que era el tocar los pies de una dama: Nadie osaba socorrer á la reina, porque  no se permite á ningún hombre tocarla y principalmente en el pie, á menos que no sea su primer menino, que le pone sus chapines: estos son una especie de sandalias donde las damas meten sus zapatos y esto las levanta mucho.

Independientemente de elevar la altura de las mujeres, el chapín, tenía otra misión que era el impedir el contacto de las zapatillas, pantuflas, servillas, polainas u otro calzado femenino mas delicado con el suelo, evitando así que se enlodase con el barro. Debemos de tener en cuenta que las calles del momento, no estaban ni siquiera empedradas y en cambio lo estaban llenas de excrementos de caballerias y trasiego constante de ganados. Francisco de Quevedo, en su soneto titulado: A las sillas de mano, cuando acompañadas de muchos gentilhombres. Nos lo indica: Una silla es pobreza de una boda pues acompañada en oro y en vidrieras, antes la honra que el chapín enloda.


Vittore Carpaccio. Dos damas venecianas. 1.490. Museo Correr.
Se aprecian los chapines en el suelo junto al niño y lo sobrado que les quedan las faldas al no llevarlos puestos.

Aunque no todos los chapines fueron tan altos, es el caso de los que en las ordenanzas sevillanas de 1517, donde se usa el termino chapel bajo para designar un zapato con sólo dos capas de corcho.




Sepulcro de doña Elvira de Acebedo en monasterio de Santa Clara de Tordesillas (Valladolid). Capilla del contador Lope de Saldaña.
y
Sepulcro de María de Perea, originalmente en la iglesia de San Pedro de Ocaña (Toledo). Actualmente en Londres. Victoria and Albert Museum.

Tirso de.Molina, en su obra titulada Por el sotano y el torno, nos habla precisamente de los chapines bajos:

Salieron las dos hermanas;
que a ser tres como eran dos,
las tres gracias en mentira
fueran verdaderas hoy.
Iban en chapines bajos
hacia la Puerta del Sol


También los reseñan Juan Cortés de Tolosa, en su Lazarillo de Manzanares, en 1620:  ¡Libre Dios de la procesión de lechuzas las bolsas de todo fiel cristiano el día que mi señora y otras cuatro amigas salían determinadas a chuparlas en chapines bajos, y la mayor de la mano con la madre de otra de las amigas…Y Jacinto Polo de Medina, en su Fábula de Apolo y Dafne, en 1640: ¿Quién es esta señora?, y él mismo se dirá: Será la Aurora; ¿quién había de ser cosa tan bella? O es en chapines bajos una estrella? ¡Qué de cosas te pierdes…




Chapel o chapin bajo de la Colección Rocamora.


Debido a la altura y construcción el chapín estaba obligado a producir un gran sonido al andar, provocando ademas una gran inseguridad entre las usuarias, a lo que aluden en los textos. Asi lo hace la anonima Biblia romanceada judío-cristiana. Real Academia Española codice 87: Dixo Adonay por quanto se enaltesçieron las fijas de Sion y andovieron tendidas de garganta y los ojos alcofoladas y andan los chapines  ssonando y con los sus pies rressuenan. y llagara el señor la mollera de las fijas de Sion y Adonay las sus verguenças descobrira.  O a Lope de Vega en La Dorotea. 1598: en un dialogo entre don Fernando y Julio: Don Fernando. -Paréceme que siento chapines. Julio. -Ese ruido y el de las cantimploras dicen que es el mejor…

Fray Luis de Granada en su Historia de Sor María de la Visitación. 1546, describe a una señora con chapines que para andar necesitaba apoyarse en un bordón y una criada: Después tornó la misma enferma a la priora y volvió con mayor mejoría, de modo que puede andar y con chapines, arrimada en el bordón y en una criada.

Constantes eran la caidas y tropiezo de las damas que calzaban chapines, lo que viene reflejado en multitud de citas. Veamos lo que nos dice  Tirso de Molina, en La villana de Vallecas. 1616  Agudo: - Serafín bien puede ser; mas no creo en serafines, que por andar en chapines  son fáciles de caer. O en Desde Toledo a Madrid: (Salen doña Mayor, en zapatillas, y don Baltasar, trayéndole los chapines). Baltasar: -¡Linda traza! Mayor: Como la vuestra, aunque con algún peligro. Mil veces pensé caer.

También hace referencia a ello nuestro Guillén de Castro, en Don Quijote de la Mancha. 1600: soy mujer que cayera tropezando en mis chapines, que es caída muy ligera, que aunque ellos ligeros son, es tan pesado mi seso, que tropiezo en la ocasión de cosas de mucho peso.


Cleopatra pintada por Paris Bordone, pintor italiano que se estableció en Venecia, durante el siglo XVI.

El P. Joseph Borreta, en su obra La gracia de la gracia,  cuenta un hecho anecdotico de San Vicente Ferrer, cuando una mujer le pregunto si era  pecado llevar chapines, y el Santo le respondió graciosamente: Ten cuidado en no caer.

De cualquier manera el uso de los chapines, debia de ser siempre una incomodidad a la hora de andar con rapidez como indica el sevillano de Alcalá de Guadaira, Cristóbal de Monroy y Silva en El ofensor de sí mismo: Chapines tiene también y moños en los chapines. Grande bobería es poner sobre la cabeza lo que tienen á los piés. Dió los chapines el uso porque no puedan correr para alcanzarlas de pronto.

 O Alonso del Castillo Solorzano, en La Garduña de Sevilla: viéndome en esta confusión, afligida con la muerte de mi amante sólo tomé por remedio dejar los chapines, y con las basquiñas en la mano, a todo correr, irme a casa de un conocido de mi padre, muy pobre y anciano,…


Ni que decir tiene la incomodidad que resultaria a la hora de bailar, como da a entender el grabado George Hoefnagel que ofrecemos a continuación, que representa a unas granadinas bailando, en el que aparecen unos chapines abiertos, dejados en el suelo para poder bailar con comodidad.

Grabado representando a Granada en la obra de Georg Hoefnagel, Teatre des cites du monde, conservado en The Hispanic Society of America.

Imaginable seria tambien el suplicio de las mujeres sentadas en el suelo de las iglesias, como era costumbre en aquella época, en la que no había bancos. Asi lo cuenta Cristóbal de Castillejo, en su Diálogo de mujeres. 1500: confessadas pueden yr, pero nunca arrepentidas, perdonando, ni al tiempo que están rezando O cantando sus maytines, que allí suelen los chapines alguna vez yr bolando por el coro,  alguna lo veras tu mismo. non digas por la mi derechura me aduxo dios a esta tierra y me la dio por heredad….


Chapín veneciano, hacia 1600.


Antonio de Guevara en la Epistola LI, escrita en Granada en 1534, elogia la comodidad de la mujer que no quiere aparentar y se dedica a las labores propias del hogar, evitando los chapines: qué placer es ver una mujer levantada de mañana, andar rebuelta, la toca desprendida, las faldas prendidas, las mangas alzadas y sin chapines los piés, riñendo a las mozas, despertando a los mozos y vistiendo a sus hijos…

No obstante que los chapines los pudieron llevar todas las clases sociales, eso si, sin lujos, siempre fueron distintivos de las damas de clase alta, uno de los ejemplos más relevantes a este respecto lo constituyen los comentarios de Teresa Panza, ante la propuesta de Sancho de casar altamente a Mari Sanchica. La labradora, que ha representado el principio de inmovilidad propia de la sociedad rural del barroco, responderá con palabras que recurren sobre el motivo del vestido, el cual a modo de metonimia y metáfora define a la persona y así nos lo hace ver Miguel de Cervantes Saavedra en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha: Eso no, Sancho -respondió Teresa- casadla con su igual, que es lo más acertado; que si de los zuecos la sacáis a chapines, y de saya parda de catorceno a verdugado y saboyanas de seda, y de una Marica y un tú a una doña tal y señoría, no se ha de hallar la muchacha, y a cada paso ha de caer en mil faltas, descubriendo la hilaza de su tela basta y grosera.


Chapines del Museum of Fine Arts de Boston. Siglo XVII.


Chapines del Museum of Fine Arts de Boston. Siglo XVII.


Chapines del Museum of Fine Arts de Boston. Siglo XVII.

Las mujeres moriscas, tambien fueron muy dadas a la utilización del chapín, incluso no seria de extrañar que fuesen el origen de este tipo de calzado. Luis del Mármol Carvajal, en su Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada, nos comenta lo que supondria para la población morisca vestirse al estilo de los cristianos: Veamos a la pobre mujer que no tiene con que comprar sayo, manto, sombrero y chapines, y se pasa con unos zaragüelles y una alcandora de angeo teñido, y con una sábana blanca, ¿qué hará? ¿De qué se vestirá? ¿De dónde sacarán el dinero para ello?

Juan Martínez Ruiz,en La indumentaria de los moriscos. Cuadernos de la Alhambra, 1967 y Carmen A. Martinez Albarracin . Las moriscas del reino de Granada. Siglo XVI.  A.P.A.N.G. II Congreso virtual sobre historia de las mujeres, han publicado protocolos pertenecientes a moriscos, y nos aportan las siguientes citas:

 -Dos pares de chapines, los unos leonados e los otros berdes 1590, fol. 1275v 6-7.
 -Unos chapines valencianos, 1275, fol  8v.
 -unos chapines e xervillas de muger de terçiopelo verde. Granada. 1562
 - unos chapines, Órgiva 1563.
 - Un par de chapines de damasco turquesado. Fuentes.26-12-1562.
 - Un par de chapines de terciopelo carmesí y un par de chapines de terciopelo encarnado. Fuentes. 16-I-1563.
 -Un par de chapines e xervillas de terciopelo morado. 1569. Granada, L-64-222-9, fol 64.
 - Ciertas xervillas y chapines de terciopelo y de cordobán. 1562. Granada, L-64-23, fol 27v.
 - Unos chapines y servillas de muger de terciopelo, 1562, Granada, L-64-23, fol 19.
 - Unos chapines verdes de terciopelo con borlas coloradas, 1565, Bubión de Poqueira, L-9-30, fol 12v.
 - Unos chapines de terciopelo verde con un compas de terciopelo carmesí, con borlas de seda verde, 1565, Bubión de Poqueira, L-9-30, fol 12v.
 - dos pares de chapines, el un par de terciopelo colorado, y el otro de cuero colorado, 1568, Albacete de Orgiva, L-94-15, fol 8v.
 - Unos chapines dorados con sus cintas en quatro reales. 1608, Granada, L-103-86 fol 2v.
 -  unos chapines e xervillas de terciopelo verde, 1562, Granada, L-64-22, fol 6v.



Chapín veneciano del siglo XVI. Realizado en terciopelo rojo.



Veamos a continuación la representación de una morisca, en un dibujo de Cristobal Weiditz



Durante los trabajos de rehabilitación que se han practicado en algunas casas del barrio del Albaycin de la ciudad de Granada, han ido apareciendo dibujos en las paredes, del tipo que actualmente y como anglicismo, llamamos graffiti. Concretamente en la casa 16 de la calle de san Martín, apareció la representación de una mujer morisca al decapar un enlucido antiguo, dicho dibujo realizado en dibujo inciso, lo producimos a continuación. En el, se representa a una morisca calzada sobre unas plataformas que claramente podemos considerar como chapines.


Para las moriscas, el chapín siempre constituía un segundo calzado, que colocaban sobre otro mas flexible que cubría la totalidad del pie, al que llamaban servillas o xervillas. En la actualidad los descendientes de moriscos que viven en la zona de Tetuán, aun utilizan los llamados qabqab, que son una especie de chapines, aunque con suela de madera.

En los grabados del siglo XVI de J. Hoefnagel, insertos en la obra Civitates Orbis Terrarum, vemos vistas de Granada y de otras ciudades del reino donde aparecen tanto mujeres cristianas con chapines como hemos visto anteriormente, como mujeres y niñas moriscas que calzan chapines similares a los descritos hasta el momento.


En España el chapín, solía quedar visible por debajo del ruedo de las las faldas, cosa que no solía ocurrir con tanta frecuencia en Italia y Francia, donde el largo de estas los ocultaba en la mayoria de las ocasiones. No obstante tambien en España durante el siglo XVII las mujeres alargaron notablemente sus faldas cubriéndolos. Precisamente este hecho parece que fue el origen de que a las faldas se les llamase guardapies, cubrepies o tapapies, y no como en opinión de algunos investigadores que dicen que guardapies viene de rodapiés, que se aplicaba por lo general a los paños de cubierta de los balcones y camas. No obstante, dichas palabras están vinculadas, ya que finalmente el rodapiés de cama tenia la misión de ocultar los pies de la cama.

Esencialmente el chapin constaba de dos partes, la suela que era de corcho y compuesta de varias capas clavadas y pegadas entre sí y la capellada para sujetarla al pie. Consiste esta capellada en una o dos tiras pasadas de lado a lado del chapin, para introducir el pie, o tambien en dos orejas situadas una en cada lado y que se unían mediante cordones o cintas.
La labradora de Villanueva de Gállego, Mariana Juste aportó a su matrimonio entre otras cosas: unos chapines con betas de colonia naranjados AHPNZ, 1600, Martín Español, protocolo estudiado por Israel Lasmarias Ponz.

Chapin veneciano de cuero. Siglo XVI.

-Deme V., si trae, un par de cintas, dice el bachiller Luis Quiñones de Benavente, en su entremés D. Gayferos; y en verdad que debía ser trance de entremés romperse la cinta del chapín en la calle, y encontrarse la dama sin poder volver á casa. Por supuesto hay que tener en cuenta lo burlescos que eran los entremeses de Quiñones. O como indica Lope de Vega en la  moza del cántaro, publicado en 1598: Don Juan- ¿Cómo lo viste? Martín- Un manteo esta licencia me dio, donde cuanto supo obró la riqueza y el aseo. Pero pidió los chapines,  porque mirarla me vio, y entre las cintas metió cinco pares de jazmines. Don Juan- De escarpines presumí, según anda el algodón…

En el Cancionero de la Academia de los Nocturnos de Valencia que fue extractado de sus actas originales por D. Pedro Salva, hay una composición que lleva por titulo Cuartetos a una dama en boca de un galán que le tomó una cinta de los chapines, y dice así:

Y así de contento lloro
 mis glorias adivinando,
     y esta cinta estoy besando
    de los chapines que adoro.
Y bien puedo sin recelo
esperar sabrosos fines,
    porque serán tus chapines
la escalera de tu cielo

Además de las cintas y probablemente sobre ellas, solían llevar a manera de efecto decorativo una moña  o borla, como se indica de la moña en un texto de Cristobal de Monroy y Silva, ya citado con anterioridad cuando hablabamos de la incomodidad de andar con chapines. Tirso de Molina en el Amor médico, cita la borla de los chapines: Gaspar- Largo plazo, pero vaya. Don Gaspar Tello- Dotor para con chapines, que con la amarilla borla puede llamarse Amarilis, en mí los tales diviesos son de linaje de chismes, que unos van naciendo de otros…

El elemento decorativo que con mas frecuencia encontramos en los chapines, es la vira o virilla. La vira o virilla era un elemento independiente de generalmente de plata y en ocasiones incluso de oro que se clavaba al corcho y que se quitaba cuando lo requería para limpiarla, por lo que es muy normal encontrar en inventarios de bienes solo las virillas, que supuestamente se pasarían a otros chapines.

Don Diego Andrés Rocha, en su Tratado único y singular del origen de los indios occidentales, publicado en 1645, nos incluye ademas de sus conclusiones las José de Moret: y esta palabra Vira es de lo muy primitivo de España, con que en ésta se significaba lo blanco y argentado, y a las virillas de plata que usaban las mujeres en chapines, chinelas y otras vinchas llamaban viras en plural y vira en singular, como explicando la palabra vira, lo advierte el P. José Moret en su Historia de Navarra, lib. 1, cap. 5, núm. 35. Por mi parte he intentado constatar esta cita sin conseguirlo, ya que el libro I, solo tiene 4 capítulos.

Citaremos a modo de ejemplo el Inventario de los bienes de don Fernando de Valenzuela. (Archivo del Palacio Real de Madrid, D. Carlos II, Caja, L, 60.). 28-1-1677, en el se citan: cuatro virillas de chapines; ocho clavos …

La forma y situación de la virilla no esta por el momento muy clara, pero por una descripción de Cristobal Pérez de Herrera, nos aclara que eran unas laminas finas de plata u oro y clavadas por los extremos con clavos: Compónese el chapín  valenciano y otros contrahechos, de diferentes matices dorados y plateados y con plata fina en planchas y clavos en las virillas y aun cintas de seda en las capelladas.

 En la carta dotal de Catalina Arias Montiel  en Santa Fe la Vieja (Argentina), se citan: “Unos chapines con sus planchas de plata algo usados, 15 pesos.” Y el Inventario de los bienes de Gil de Alvarado  de Cartago (MCC) nº 421: "dos pares de chapines los unos con platinas de plata", lo corroboran.

Estas virillas al menos en algunas ocasiones, se colocaban en la parte delantera, lo que se desprende de una providencia del Mustaçaf de 9 de Diciembre de 1650, en la que se manda entregar: dos chapines de lama nacarada con dos virillas de plata y clavos delante, y dos rosas de cinta nacarada con trenza de plata.

En lo referente al ancho de estas virillas, debia ser muy variable, y dependeria de la moda del momento y del poder adquisitivo de la usuaria. Las encontramos estrechas de menos 34 mm, como indica Antonio Mira de Amescua, en La Fenix de Salamanca:

                        -¿Y mis chapines, Villena?
                        -Aquí los trae un criado.
                        -Muestra. ¡Qué angostas virillas!
                        -No se usan más de dos dedos.
                        -Echan á perder los ruedos,
                         ya me cansan.
                        -Pues undillas.

O como las que cubren la mitad del chapín, que aunque no nos indica el alto de este no podemos cuantificar, pero que podemos considerar como anchas. De ello nos indica Tirso de Molina en La huerta de Juan Fernandez.

Vistiérase el zapatero
como pide el cordobán,
sin romper el gorgorán
quien tiene el caudal de cuero;
no gastara la mulata
manto fino de Sevilla,
ni cubriera la virilla
el medio chapín de plata.

En cuanto a las virillas, sabemos que siempre se sujetaban con clavos y que en muchas ocasiones eran de gran valor por su material, incluso guarnecidos de diamantes. Con anterioridad, ya hemos comentado citas de clavos de este material, pero veamos otra descripción que nos hace Pedro Calderón de la Barca, en su comedia del Conde Lucanor: Pasquín- Un chapín es. Lucanor- Pasquín, tente, porque a mi no me es decente, atreverme a alzarle así. Pasquín- Como no, fia lo que brilla, haciendo dos mil cambiantes, son los clavos de diamantes, y de oro la virilla.

Tirso de Molina, pone en boca de Don Juan, en El burlador de Sevilla: ¡Ay Arminta de mis ojos! Mañana sobre virillas de tersa plata, estrelladas con clavos de oro de Tíbar, pondrás los hermosos pies, y en prisión de gargantillas la alabastrina garganta, y, los dedos en sortijas, en cuyo engaste parezcan estrellas las amatistas, y en cuyas orejas pendan transparentes, perlas limpias.

Y esta otra de Juan Pérez de Montalbán, en El palmerin de Oliva:  Y al fin los chapines son las gradas de las mujeres. Quedo y no te desatines, porque yo he visto chapines en bolsas de terciopelo, y con virillas de oro adornadas de diamantes. Mas quería que supieses que soy chapín sin enredos, que el más alto es de once dedos.

Pero la mayoria de las virillas eran de plata, y de ello encontramos multitud de descripciones; como en Tirso de Molina en La dama del olivar:

               Soltero es, no hay tal esposa
               como la virgen María,
               que es discreta y es hermosa,
               no pasa por ella día
               ni es en las galas costosa,
               que el sol de vestirla trata
               con cintas de resplandores,
               de estrellas sus trenzas ata,
               chapines trae de valores
               con sus virillas de prata,
               pues los adorna la luna;
               dote suyo son los cielos,
               do no hay temer la fortuna,
               y, en fin, no le dará celos,
               que es lo que más importuna.

En su Certamen poético, nos proporciona frases parecidas: Vuestra belleza y gala causa a la tierra espanto; los rayos son del sol puntas del manto que os cubren con luz grata; chapines  con virillas son de plata los de la luna en ellas, y vuestro apretador son doce estrellas. Y lo mismo en Los cigarrales de Toledo, en 1616: ¡Oh, zapatos del siglo dorado! Ya puedo entonarme más que dama de Castilla; pues, si la soberbia y vanidad ha coronado sus chapines  de virillas de plata, yo las he hallado en vosotros de oro…Cosa que tambien hace Miguel de Cervantes en El vizcaíno fingido: Así que, amiga, no debes congojarte, sino acomoda tu brío y tu limpieza, y tu manto de soplillo sevillano, y tus nuevos chapines, en todo caso, con las virillas de plata, y déjate ir por esas calles; que yo te aseguro que no falten moscas a tan buena miel,…

También me constan virillas de hierro de poco espesor o de hojalata, como indica el diccionario de John Stevens, A new Spanish and English dictionary. London, 1706. En una época en que el chapin ya debia de no utilizarse. Asi mismo, tambien mne constan la existencia de unas virillas llamadas vizcainas, que menciona el anonimo autor de La vida y hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor: Y al tiempo que el pobre barberote le sacó a la tonada culebrina, le dio un cañonazo de feno mascado con tal violencia y abundancia de tacos en medio el rostro que le turbó la vista y le engrasó toda la delantera del vestido; y quebrando las ligaduras de los pies enseñaba las virillas vizcaínas, tirando zapatetas a pares y truenos a docenas. Aunque dicho autor, no nos aclara si se utilizaban para chapines u otro tipo de zapato.

Por supuesto que la vira necesitaba de un adecuado mantenimiento y especialmente un material como la plata, que con la humedad tenia tendencia a oscurecerse. Era pues necesario el que periódicamente se tuviesen que limpiar, y de ello nos habla Antonio Liñán y Verdugo, en su Guía y avisos de forasteros que vienen a la Corte: y á la noche en quitarse alfileres y cintas de la cabeza, ocupando dos criadas, una en sacudir los vestidos y otra en lavar las viras de los chapines y darlas lustre, sin que en todo un mes hubiese habido tiempo desocupado para decir una sola palabra á la almohadilla,…

Un tipo de decoración es la ataujia, que consiste en hacer adornos árabes, ó moriscos en el hierro con líneas de oro y de plata. Es considerado como un arte que reune las obras del mosaico y de la escultura. Su origen debemos buscarlo en la ciudad de Damasco en Siria. En la partición de los bienes que quedaron por la fin y muerte de Miguel de Montalto, sastre de Madrid, en 1596. AHPM, Francisco Suárez, Prot. 1193, 1328-1366, aparecen: Ítem unos chapines nuevos de atuaxia, que se tasaron en 10 reales…En este sentido difiero con Terreros, que en su diccionario, que ya hemos visto con anterioridad, nos dice que la ataujia era bordada. Estoy convencido de que Terreros malinterpretaria el termino ya que el vivió 100 años después de utilizarse el chapín.

Por el momento, no tengo demasiado claro, si la dicha decoración se realizaba directamente sobre el propio calzado, o realmente se hacia solo sobre la virilla, que por otro lado parece lo mas probable y con mayor sentido.

Además de las virillas, se solian decorar con bordados como lo atestiguan Lope de Vega en La noche de San Juan. 1598: “¿No habéis visto con naguas las mujeres sin anchos verdugados y abanicos y los chapines de bordados finos, que fueron en sus madres de badana?”. De este texto se desprende tambien que debia ser moda del momento y que con anterioridad no debia de utilizarse el bordado y que serian simplemente de cuero o de tejido. Otros combinan el bordado con las virillas, como nos indica José de Valdivielso, en el Romancero espiritual. 1599: De estrellas se puso un apretador, y un manto de lustre con puntas del sol. Para los chapines,  que bordados son, virillas de plata la luna le dio.

Además de estar bordado el chapín, podian estar bordadas las servillas, como nos indica Reginaldo de Lizárraga, en La descripción de las Indias. 1569: el Señor las volverá calvas y les raerá los cabellos de sus cabezas, les quitará sus chapines y jerbillas bordadas, las medias lunas, rodetes, las cadenas y collares de oro, las ajorcas, los tocados costosos, los punzones de oro.

Como hemos visto en textos anteriores, las virillas se sujetaban al corcho del chapin con clavos, pero ademas debió de haberlos con clavos pequeños o tachuelas utilizadas con fines decorativos, como se desprende de las palabras de Tirso de Molina en ¿Tan largo me lo fiáis ... ?, publicado en 1616: Éstos salpicando damas, si en su marfil no se engríen, dejan en gotas de plata tachuelas en sus chapines.  En un cuarto a sus Monarcas media naranja le exprimen, tan rica, que a ser entera fuera de hacerlo imposible.

En algun caso a las virillas, se les llama barillas, ya no se si por error o porque realmente eran términos sinonimos. Este es el caso del documento del Ynventario de los bienes de don Fernando de Villafañé, 1621. Regidor de León y procurador en las cortes de 1621, donde se indican: Dos pares de chapines con barillas de plata.

Pero en realidad la mayoria de los chapines de las personas corrientes deberían ser de cuero forrando el corcho, lo que en principio les daria mayor duración que otros materiales o a todo caso forrados de telas lo mas duraderas posible.




Chapín que probablemente pertenecio a Beatriz d'Este, mujer de Ludovico Sforza. Podriamos situarlo entre 1475 y 1497.

y dos chapínes venecianos de terciopelo claveteado. Principios del siglo XVII. Conservados en el Bata Shoe Museum de Toronto


Muchos son los que aparecen en la documentación como forrados con telas, especialmente el terciopelo, que por sus características era una tela resistente y que escupía el agua.


Chapines del Museum of Fine Arts de Boston. Siglo XVII.

Juan Alfonso de Baena en su Cancionero, que se conserva en la Biblioteca Nacional de París, nos habla de unos hechos de frisa: Esta cantiga fizo y ordenó el dicho maestro fray Diego denostando y todos tus donzeles andan a la guissa chapines de fryssa, capas de Ryossa, avarcas gritadas, çapatos de grama, jayascas pyntadas, crodrias de grana…Lope de Vega, en La gatomaquia, publicada en 1598, de otros hechos con tabí de oro:

                  Chapines de tabí con sus virillas
                  entre una y otra descubriendo espacios
                  de la roja color de los topacios,
                  de nuestra edad y siglo maravillas,
                  que lo que ser solía
                  un medio celemín con ataujía
                  un pirámide es hoy de tela de oro,
                  y cuestan sus adornos un tesoro…

En el Inventario de Pedro Sanchez Muñoz, que se convirtió en heredero del papa Clemente VIII, Gil Sanchez Muñoz, que no llegó a ejercer como papa porque renuncio al titulo a favor de Martin V, en 1429. Gil Sanchez había pasado a suceder a Benedicto XIII, el llamado papa Luna y accedio a la posesión del castillo de Peñiscola. Al renunciar al titulo papal, no tenia derechos sobre el legado del cardenal Pedro de Foix. No obstante contraviniendo las clausulas de dicho legado, heredó a sus familiares, pasando dicha posesión a la familia Sanchez Muñoz de Teruel. En el inventario de sus bienes, aparecen gran cantidad de citas interesantes para el estudio de la indumentaria española de principios del siglo XV, que con posterioridad iremos sacando a luz. Entre todas estas prendas, aparecen: unos tapines de vellut forrados negros con un guarniment de oro. Dichos chapines, habría tal vez que considerarlos como de tejido, pero con virillas de oro. Con referencia a la forma de expresarse en el documento, resulta curiosa la mezcla de aragones y valenciano, ya que el termino tapí es valenciano, al igual que vellut y guarniment, en cambio el lenguaje general en que esta escrito todo el resto del documento es el castellano.

También existia el picado, esta tecnica decorativa parece ser que era muy corriente, en especial entre los tapineros valencianos y catalanes, hasta el punto de que el gremio o cofradia de los tapiceros catalanes se llamaba  confraria del ofici deis tapiners, picadors e pintors de tapins de la ciutat de Barcelona. La picadura era una cisura que se hacia en el tejido como adorno en el calzado o en la ropa.

Libro primero de las epístolas familiares de Antonio de Guevara. 1.513, se cita: En tal edad como la vuestra, no se sufre traer çapatos picados de seda, media gorra toledana, sayo corto hasta la rodilla, polainas labradas a la muñeca, gorjal de aljófar a la garganta, medalla de oro en la cabeça y de las colores de su amiga la librea, como sea verdad que las mugeres tales y cuales, no sólo quieren que sus enamorados sean cuerdos en lo que escriben, mas aún muy polidos y galanes en lo que visten. O en Rinconete y Cortadillo de Miguel de Cervantes Saavedra. 1.582: Bien es verdad que lo enmendaban los zapatos, porque los del uno eran alpargates, tan traídos como llevados, y los del otro picados y sin suelas, de manera que más le servían de cormas que de zapatos.

En el Inventario realizado en los castillos de Folgóns y de Granollers, se citan: uns tapins picats de dita senyora…

En las listas de Garcia Bravo Bravo de Acuña, Don Diego de Amburzea y Gil Balaguer, aparece que Luis Bellver picador de chapines de Valencia y su esposa retienen en su casa a una niña morisca llamada Angela Elena. De cualquier manera esta tecnica la describiremos de manera mas completa en otros articulos como zapatos y calzas.

Alfonso Martínez de Toledo, en su Corbacho, nos habla tambien de chapines pintados de brocado. Es decir la tecnica pictorica que imitaba los tejidos de brocado: commo un espada con Aquel Agua destilada un texillo de seda con achones de oro el cabo esmerado con la fevilla de luna muy lindamente obrado, chapines de un xeme poco menos en alto, pintados de brocado…

En el Inventario de los castillos de Folgóns y Granollers, se citan: uns tapins obrats de or, de dita senyora.

Inventario que hizo Alonso Sánchez de Cepeda, de los bienes que tenía cuando murió su mujer doña Catalina del Peso. 1507. Descendiente de familia judía conversa. Alonso tuvo dos mujeres. Con la primera, Catalina del Peso y Henao, tuvo dos hijos: María y Juan de Cepeda. Con su segunda esposa, Beatriz Dávila y Ahumada (emparentada con muchas familias ilustres de Castilla), tuvo otros diez: Hernando, Rodrigo, Juan, Lorenzo, Antonio, Pedro, Jerónimo, Agustín, Juana y a nuestra Santa Teresa de Jesus. En dicho documento aparecen entre otros zapatos: Unos chapines nuevos, altos…e dos pares de chapines dorados;

Habian dos tipos de chapines, unos abiertos y otros cerrados. Con el  termino «cerrados», algunos investigadores quieren entender que las dos orejas de la capellada al ceñirse, dejarian la parte de los dedos del pie total o casi totalmente cubierta. Mi opinión, dada la poca documentación que tenemos sobre el tema, es precisamente la contraria, es decir que los que ellos consideran cerrados, entre ellos Ruth Matilda, yo diria que son precisamente los abiertos. A mi entender, el sentido de abiertos o cerrados podria estar en que las orejas se pueden abrir y cerrar con las cintas y cordones.

De este modelo serian los chapines aparecidos en la Alhambra, los de la catedral de Solsona y los de la colección Rocamora.

Este termino se aplicó tambien a otros zapatos, como lo atestiguan diversos documentos, entre ellos las Ordenanzas de tasas promulgadas por el Concejo de Villena en 1525 y que en el apartado de zapateros indica: Item de unos pantuflos de onbre, cerrados, dos reales, de cordovan. O los Epigramas de Baltasar Alcázar.
  
Hurtaron a Madalena
Sus chapines y gervillas,
Brama y hace maravillas
De su cuerpo con la pena.
Mas dará por bien hurtados
las gervillas y chapines
dándoles un par de botines
de los que llaman cerrados.

Los «abiertos» tendrían solamente una capellada, que consistiria en una o dos bandas a manera de cinta, que cubríria la parte superior del empeine sirviendo para asegurarlos al pie.
s"y facen chapines abiertos y les llaman alcorques"

El chapín fue un zapato utilizado en España, durante cuatro siglos dejando de utilizarse en los primeros años del siglo XVIII. De los ultimos chapineros de los que tenemos constancia es de los valencianos, que fue donde mayor y mejor producción se realizó durante todos los años que este calzado estuvo vigente. Este hecho ocurrido en 1709, lo relata Francisco Danvila en un interesante trabajo que incorporamos fragmentado, a continuación.

Boletín de la Real Academia de la Historia.Tomo 12, Año 1888. V. Los chapines en España. Francisco Danvila: “Tenemos, pues, que en la segunda mitad del siglo XIII los chapines, no solo se usan en Castilla y Valencia, sino que son considerados como una  prenda de distinción que no más calzan las clases privilegiadas.

Pronto debió generalizarse su uso en la ciudad del Turia, pues ya en 1300  se había formado en ella un gremio de chapineros (tapiners), que debía ser numeroso y contar con abundantes fondos cuando por mano de Jaime Mateu, platero, contribuía con 100 libras valencianas á la obra de Santa Catalina mártir. El hecho lo testifica una lápida encontrada en una excavación hecha frente á la puerta de dicha iglesia, que abre á la calle actual de la Tapinería, según testimonio del Dr. D. Agustín Sales.

Siguiendo y aumentando la boga de aquel atavío, se les adornó desde luego con tal riqueza, que vinieron á constituir verdaderas joyas. Así se comprende que en 1352 Ramón Çanihuela comparezca ante el Consejo de la ciudad reclamando la indemnización de «III parells de tapins nous»  que le habían robado las gentes de la Unión. (Libre de comparecencies); y que en 1375, como nos dice Escolano en sus Decadas, los Jurados viendo que «los chapineros, en aquel vacío y matizado dibujo que hacían en las paredes de los chapines de imaginería, pintaban con devoción indiscreta imágenes de santos que andaban debajo de los piés de las mujeres» lo prohibiesen bajo graves penas. A reprimir sin duda estos excesos, aunque inútilmente, había ya acudido Alonso III de Aragón, dictando aquel fuero incluso en la rúbrica de Draps e de vestir (XXI), por el cual prohibía á las mujeres llevar chapines «sino cuberts de oripell, sense flocadura» bajo la pena de 200 florines. Y digo que esta providencia fué inútil, porque siguió el lujo en tal objeto y á su esmerada construcción se sacrificaban hasta los protocolos que para ello vendían los escribanos, como se deduce de una disposición foral inserta en su rúbrica, título XIX del libro I de las Instituciones de Pedro Jerónimo Tarazona.

Sabemos, pues, que en este tiempo los chapines se construyen de piel       dorada y común, de color y blanca, en su parte superior, y se adornan con lazos de cintas, sin duda para unir las orejas ó capelladas, y de corcho en su inferior, con dibujos y hasta imágenes de santos. Desde luego se habrá comprendido que estas máquinas no podían ponerse sobre las calzas de tela que entonces se usaban, las cuales en breve se hubieran destruído; y con efecto los chapines se colocaban sobre las polaynas ó gervillas, especie de borceguíes de piel fina y suela delgada.

Al finalizar dicho siglo XIV, el chapín es ya un objeto de lujo y de    necesidad, que forma en Valencia uno de los primeros ramos de exportación. La fama de este producto valenciano es universal, y atentos á conservarla los Jurados por medio de uno de sus principales dignatarios, reglamentan su fabricación para que su bondad no se menoscabe.

En 10 de Junio de 1389, En Berenguer de Dalmau, Mustaçaf, en dicho año publica, por medio de pregón, varias disposiciones que forman parte de la Rúbrica de tapiners, inclusa en el códice titulado Libre del mustaçaf, recopilado en 1563, que posee el Ayuntamiento de Valencia. En ellas prescribe la clase de cueros y pieles con que se han de obrar las diversas partes del chapín, capelladas, brancas y taconeras, bien sean los chapines llanos, dorados, floreados ó de color. También se prescribe que estos últimos se barnicen, tal vez para defender los corchos de las humedades.  

Y no solo entre la grey cristiana, hombres y mujeres, grandes y pequeños gastaban chapines, sino también venía haciendo uso de ellos la población agarena desde los primeros tiempos de la invasión con el nombre de alcorques, palabra derivada, según Dozy, de kork (corcho) y del artículo al. Mármol, en sus Guerras civiles de Granada, los llama chapinitos, por ser bajos y de una sola capellada, aunque esto se refiere ya á su época.

La palabra alcorque, derivada del latín quercus, pasó á Castilla; y por       ello, sin duda, algunos escritores creyeron que los habían introducido los       árabes en España. Los chapines subsistieron entre los musulmanes hasta la caída del reino granadino. Recuérdese á este propósito la achacadura que á Isabel de Solís ó Zoraya ocasionaron con sus chapines las esclavas de la sultana Ayxa, cuando aquella se retiraba de su primera cita con Muley-Hacem, padre del infortunado Boabdil. Más tarde aún se hallan vestigios de esta moda entre los mudejares de Castilla, y por algunas disposiciones de Los devedamientos de la ley y çunna (Ley de moros, capítulo VI), en que se nombran las xervillas, puede inferirse que no se usarían sin el acompañamiento de los chapines ó alcorques.

Pero volvamos á Castilla y á Valencia y entremos en el siglo más brillante y último de la Edad Media española, en el caballeresco siglo XV. Continúa durante él la importancia del venturoso calzado, y tanto, que un escritor místico, el Dr. Agustín Sales, en su Historia del convento de la Trinidad, al referir la vida de la venerable abadesa de aquel monasterio, Sor Isabel de Villena, que floreció en el primer tercio del mencionado siglo, cuenta que el Arcángel San Miguel le presentó seis pares de chapines de varias clases. Los unos de plata especialmente obrados, los otros ya de brocado verde, azul ó blanco; estos de terciopelo grana bordados con matas de arrayán, y aquellos de oro tirado singularmente construídos.

 Por supuesto que á la entrega de cada par acompaña un comentario teológico en extremo edificante y oportuno, sin que se le ocurriera al buen doctor decirnos si la abadesa podía usar semejante calzado. No he podido comprobar esta especie, pero la hace sospechar el leer en las cuentas de la procesión del Corpus de Valencia, año de 1451, que el Consejo paga algunos sueldos, moneda del reino, por los escarpines dorados con suela de corcho que calza María Magdalena; y claro es que si á las Santas se las adornaba con ellos no habría de haber inconveniente en que los usaran las abadesas, por más que tal uso no se conformase gran cosa con su respetabilidad ni con la modestia de su estado.

Y no era fundada ni extraña la consideración que se dispensaba á los      chapines valencianos, trabajados con exquisito primor, y á cuya obra       concurrían dos gremios, el de tapiners y el picatapins, sobre quienes velaban los jurados de la ciudad, celosos del buen nombre de esta industria local. En el ya citado Libre del mustaçaf, y rúbrica de chapineros, se hallan unas disposiciones del Consejo sobre este asunto. Por ellas vemos que los chapines valencianos no podían construirse con piel de carnero dorada ni lisa, por ser obra falsa, sino con oropel de cabrito; que las suelas debían ser de ciertas partes, las mejores del cuero del buey, y de corchos nuevos. Al mismo tiempo se ordena la clase de orladuras y piezas que en las telas y forros deben ponerse y cuáles han de ser estos, con otras curiosas particularidades. Este documento revela el hecho de que también los niños usaban ya chapines en aquella fecha, pues distingue los chapines, en mayores y menores, y para personas de 12 años, arriba ó abajo.

Interesante en el asunto es el citado documento, y no lo es menos una       provisión de los Jurados de Valencia, en 1534, resolviendo algunas  cuestiones habidas con hijas y mujeres de maestros chapineros y pica-chapines que se intrusaban en el gremio, picando aquel calzado, es decir, claveteando los corchos con tachuelas que formaban dibujos, y á las    cuales, sin duda en atención á su habilidad, se les permite, bajo ciertas condiciones, aquella industria. Concesión es esta muy notable para el tiempo, pues el gremio de chapineros, al que se hallaba agregado el de  pica-chapines, había alcanzado ya bastante importancia para concurrir al Consejo de la ciudad con los otros, como lo efectuó en 10 de Julio de 1465 y en 5 de Junio de 1531, tener su sepultura en la iglesia de Santa Catalina Mártir, su casa gremial, y salir en las funciones públicas con sus banderas y estandarte de damasco carmesí con fajas de oro y un zapato y un chapín bordados del mismo metal en ellos, con la imagen de San Pedro, por remate del asta.

Y luego, al declarar qué es el chapín, añade: «Compónese el chapín      valenciano y otros contrahechos, de diferentes matices dorados y plateados  y con plata fina en planchas y clavos en las virillas y aun cintas de seda en las capelladas.» Estas virillas y clavos podían en alguna ocasión sacar de apuros á sus dueños, como aconteció que, habiendo una mujer ido á visitar el sepulcro del Siervo de Dios, venerable Simó, se apartó á un lugar secreto de la iglesia, y quitando unas y otros  de los chapines, los puso en el plato de la obra, según cuenta el obispo Aparici en la vida de aquel religioso. lo cual robustece algo de lo dicho.

Creo que ya se habrá comprendido bien la estructura y condiciones del chapín; y como su descripción se ha hecho sobre uno valenciano, no ha de hallarse exagerado que Escolano, en sus Décadas, al enumerar las       manufacturas de Valencia que se exportaban en 1611 de esta ciudad,       «algunas de ellas con blasón de ser las más aventajadas de España,»       incluya los pintados chapines entre los tejidos de seda, guardamecies y paños finos.

Pero había ya sonado la hora de la decadencia. El gusto francés, que venía poco á poco apoderándose de la sociedad española durante el reinado de Carlos II, minaba su existencia. En La relación de las fiestas efectuadas por haberse terminado la capilla la Virgen de los Desamparados en 1667, su autor D. Francisco de la Torre no nombra ya como asistente á ellas, entre los demás gremios, al de chapineros.

Existían no obstante el gremio y los chapines, porque veintinueve años después, en 1696, aún juraban el cargo de vehedores del oficio Leonardo Hugo y Valero Matheu y se habla del susodicho calzado.

En 1709 moría el último maestro chapinero de Valencia, y en el mismo año se vendía la casa gremial situada en la calle  de la Tapinería para pago de deudas. Al año siguiente se dispuso de su sepultura, y como al limpiarla y disponerla para nuevos entierros se  hallara una tabla de San Pedro, patrón del gremio, en la víspera de la  fiesta de aquel año, se tuvo el hallazgo como providencial, con cuyo motivo se le hizo gran función, predicando en ella el canónigo Mosén Pedro Gil Dolz, cuyo sermón se guarda inédito en el archivo de aquella iglesia.

Verdaderamente fueron las honras fúnebres del gremio de chapineros de Valencia. Y aquí termina este esbozo de la monografía del chapín de Castilla y Valencia, que otros podrán completar con nuevos y mejores atos. Entre tanto, algo sabemos ya de aquel legendario calzado que han usado tantas generaciones, y que sirviendo de gala y atractivo en los piés de las  mujeres de baja y alta cuna, Dios sabe la influencia que habrá tenido en los destinos de nuestra patria. No hay que reirse: siempre pequeñas causas han producido grandes acontecimientos.

El tapín valenciano, fue el de mas prestigio durante todo el tiempo en que estuvo en uso, incluso mas que el Veneciano, al que algunos autores quieren atribuirle la supremacía y origen de su invención. Juan de la Cerda. Dice que en una mujer se pueden ver las principales producciones del mundo: En una mujer ataviada se vé un mundo: mirando los chapines se verá Valencia; en el oro de la faldilla y basquiñas, a Milan; en el Agnus y las demas reliquias, a Roma; en las buxerias y brinquiñas de vidrio, se verá a Venecia; en las perlas y corales, a las Indias occidentales; en los suaves olores a las orientales; en los lienzos a Flandes e Inglaterra.

Francisco López de Úbeda, en La Pícara Justina y Alonso Fernández de Avellaneda, en el Segundo tomo del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras, citán los chapines valencianos. Estas citas las podemos ver en la parte de autoridades de este diccionario.

José Ferrandis Torres en su obra Datos documentales para la historia del arte español. Inventarios reales, cita que doña Juana la Loca, poseia 37 pares de chapines valencianos y que la emperatriz Isabel tenia 25, de los que muchos eran plateados. Entre los chapines de la emperatriz Isabel se mencionan tambien zapatos plateados de Valencia, pero en aquellos que no son específicamente valencianos el material que se usa es el terciopelo morado, blanco, leonado, carmesí ó verde y la decoración más común es la de cañutillos de oro ; algunas veces, se añade la argentería. 

En muchos inventarios, como en el de Gómez Manrique, celebre por su cancionero, realizado en Toledo en 1492, se citan: Unos chapines de mí Señora , valencianos.
También los cita Francisco López de Úbeda: Al punto, baje la mano para desenvainar un chapín valenciano, mas él comenzó a huir y medir tierra a varas de pescar, y, de trecho en trecho, tornaba a mirar como ciervo acosado, cuidando si acaso se le aparecía mi chapín en forma de bala o lágrima de Moisén,…. Y Alonso Fernández de Avellaneda en su obra titulada Segundo tomo del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras: Paréceme, señor don Álvaro -replicó don Quijote-, que no deja ésa de ser alguna pequeña falta, porque una de las condiciones que ponen los curiosos para hacer a una dama hermosa es la buena disposición del cuerpo; aunque es verdad que esta falta muchas damas la remedian con un palmo de chapín valenciano; pero, quitado éste, que no en todas partes ni a todas horas se puede traer, parecen las damas, quedando en zapatillas, algo feas, porque las basquiñas y ropas de sedas y brocados, que están cortadas a la medida de la disposición que tienen sobre los chapines,  les vienen largas de tal modo, que arrastran dos palmos por el suelo. Y así, no dejará esto de ser alguna pequeña imperfeción en la dama de vuesa merced.

La fama de los chapines valencianos, llegaba a America como nos indica José Torres Reyello en su articulo: Merchandise brought tu America by the Spaniards (1534. 1586), publicado en The Hispanic American historical review. Noviembre, 1943. Registrados como «de Valencia» o como «dorados», los chapines figuraban en el cargo de los barcos que desde Sevilla iban al Nuevo Mundo. En inventarios americanos, como el Inventario y almoneda de los bienes de Juan Domínguez, difunto.  Caja A–8, exp. 19, ff. 1-15. de 1577. Archivo de la Villa de Colima de la Nueva España. Figuran: dos pares de chapines, unos valencianos y otros de terciopelo verde, por 5 pesos.

En los documentos existentes no se menciona ninguna materia textil en relación con estos zapatos ; si algún material se menciona es oro o plata, lo que hace suponer que los chapines de Valencia debieron ser en su mayoria de cuero recubierto con un pan de oro o plata.

En los años de 1300 los zapateros y fabricantes de chapines de Valencia se separaron en dos gremios que, sin embargo, no solucionó las mayores divergencias. Los zapateros intentaron limitar a sus colegas artesanos a la producción de chapines de cuero metalizado (de oripell), mientras que éstos exigían derecho a trabajar toda clase de materiales, oripell, cuero pintado o cualquiera otro. Finalmente se llegó al acuerdo de que los tapiners no hicieran zapatos y que los sabaters pudieran fabricar chapines sólo para sus esposas, concediéndoseles este privilegio con la condición de que las excepciones familiares no se expusieran para su venta a la puerta del taller.

 En Valencia en 1513, el oripell (oropel en castellano) era un pan de plata, oro u hojalata de un tamaño determinado: ocho hojas de éstas cubrían el largo y siete el ancho de una piel de oveja de las que se usaban para hacer colgaduras pintadas (guadameciles). Antes de aplicar el oro o la plata tenian que cortar le caben la piel de oveja, para evitar que se pudiera confundir con la piel de cabra que los zapateros y fabricantes de chapines estaban obligados a usar. La piel suave, flexible v duradera que con el nombre de cordobán era conocida en toda Europa.

En el Archivo Municipal de Valencia, encontramos el Libre del Mustaçaf (libro del inspector de pesos y medidas) que dedica cinco folios al oficio de tapiner. Se trata de un libro donde se van copiando regulaciones municipales. En un apartado, copiando de un documento de 1389 se mencionan diversas partes del chapín: lespicio, «huy es dita capellada» que corresponderia a las orejas; plantelles que serian las plantillas de corcho; taloneres o piezas posteriores; y branques, que tienen que serian los cercos. Podemos pensar en la probabilidad de que brancas, venga del vasco, donde branka significa la proa de un barco.

Unas anotaciones del año 1563, nos vienen a describir otras partes de los chapines: soles (suelas) ; rebatuts (costuras de dobladillo), cohes de capellades (bordes o lengüetas de las orejas), gires (viras) ; y además, se añaden otras normas.

Si en algún punto se pretendió imitar la fabricación valenciana, hubo de       ser en Madrid, y así lo expresa Gaspar de la Cintera llamado el ciego de Ubeda, en sus Coplas al encomiar los ricos chapines de aquella villa. Pero por la documentación estudiada, podemos asegurar que en general los mas afamados chapines eran los producidos en el Reino de Aragón.

También nos constan importaciones o al menos denominaciones de procedencia extranjera, como en el caso que nos menciona Aguiló en su diccionario, donde aporta un documento en el que se citan varios pares de tapines, el uno de Marsella y que podriamos considerar como de  unas características similares a los valencianos y otros dos que se dice que son de hombre: Un parell de tapins de Marsella vermells e pintats…Dos parells de tapins d'ome gornits de blanch e vermell…Un parell de tapins negres ab orles d'orípells. Inv. Torre d`en Barra, 1430.


Chapin Veneciano. Siglo XVI.

Las Ordinaciones zaragozanas de zapateros y chapineros confirmadas en 1.503, regulan los examenes de los chapineros y del trabajo a realizar, que consistian en cortar cuatro pares de distintos calzados y acabarlos totalmente, y eran: unos alcorques lisos de oripel de alteza de seys dedos, y un par de talonera y un par de abarquetas y un par de zapato tapin. Los quales chapines, despues d’esplantellados, los aya de sacar de tavron en casa del maestro chapinero desaminador y despues los aya de acabar en casa del mayordombre desaminador; y los dichos quatro pares de japines sean juzgados despues de acabados por el dicho maestro tapinero  esaminador y por los mayordombres y oficiales de aquel año. En estas ordenanzas, parece entreveerse que los cuatro modelos forman parte de la misma familia.
Pocos años después, estas mismas ordenaciones, establecen  que los zapateros no podrán hacer chapines de mujer y los chapineros no podrán hacer zapatos de hombre ni de níño.(21 de marzo dc 1514. A.M.Zaragoza, Ms. 17. Actos Comunes de 1514)

No abundan las descripciones detalladas de los chapines, pero por fortuna se dispone de la de D. Antonio Orellana, que en su época, describe unos que poseia un amigo y que eran antiguos y fuera de uso: Son dos chapines pequeños, como de señora de poca edad: las dos  plantillas, así la de encima (esto es, la plantilla sobre que descansa el pie) como la de abajo, que ha de tocar en el suelo, son de una suela delgada, y en el intermedio, entre suela y suela referidas, es el alma de corcho, y el todo, computado el grueso de ambas á dos suelas, compone de elevación el casco y grueso de dos dedos; de modo, que el todo de las plantillas, asiento del chapín, tendrá tanto de grueso como la plantilla de un alpargate regular de hilo. La cara del pie, equivalente á lo que decimos cara en el zapato, es de ropa de tisú, pero no formando punta si que existe roma, y haciendo la misma figura que en los alpargates, queda sin ropa la extremidad ó punta del pie: de modo, que si se pusieran los piés descalzos ó sin medias, se descubrirían los dedos.

 La ropa ó tela que por encima cubre el pie está dividida en dos partes, como el chanclo ó abarca, de forma que subiendo hacia el medio de la cara del pie une á la de cada lado por unos agujeritos ú ojales que tiene la ropa; á la extremidad se ceñían ambas alas cordándose con una cinta cruzada de parte á parte, enebrada por dichos ojales. El talón  y carcañal y lados, aunque no con tanta elevación como los zapatos de cara, si con la que demuestran los alpargates usuales, tienen lo mismo de la misma tela de tisú, la cual en todo el chapín está guarnecida de un  galoncillo de oro, que forma un perfil, como la cinta que ahora suele ponerse por el orillo de los zapatos.

Distinción especial merecen en este articulo los chapines que se relacionan en la serie de documentos referentes a doña Juana la loca. Transcritos y prologados por José Ferrandis Torres. Madrid . 1944. Libro de cuenta de Diego y Alonso de rribera su hijo camareros que fueron de la Reina Doña Juana nuestra señora de las joyas y ropas y otras cosas de la recámara de su alteza que fueron a su cargo desde el año MDIX hasta el año MDXLV que falleció su Alteza. Don Juan Manrique de Lara, contador mayor de cuentas.

Cargo de chapines e botines e semillas e otras cosas desta calidad.

vn par de chapines de terciopelo carmesí bordados de canutillo con vnas chapitas de plata dorada según paresce por el dicho libro del escriuano de cámara.
…otros chapines de terciopelo azul bordados de canutillo de oro y plata con arjentería de plata dorada.
... otros chapines de terciopelo verde bordados de canutillo de oró.
... otros chapines de ceti pardo bordados de vnas bordaduras de terciopelo carmesi e de oro ylado con vnas orlas de canutillos de oro.
...otros chapines de ceti azul e terciopelo blanco e carmesí rraso bordados de oro de canutillos e de arjentena de plata dorada.
... otro par de chapines de terciopelo morado bordados de oro de canutillo.
... otro par de chapines de terciopelo leonado bordado de oro de canutillos con arjenteria de plata dorada.
... otro par de chapines de terciopelo morado bordados de canutillos con arjenteria de plata dorada.
... otros chapines de terciopelo leonado bordados de canutillos.
... otro par de chapines de terciopelo morado bordado de canutillos de oro.
... otro par de chapines de terciopelo verde bordados de canutillos de oro con arjenteria de plata dorada.
... otro par de chapines de terciopelo carmesí bordados de canutillos de oro y heran viejos.
... veynte e seis pares de chapines valencianos nuevos.
... vn par de chapines viejos valencianos.
... diez pares de chapines valencianos e vno sencillo.
... quatro pares de chapines nuebos y viejos.
.. dos pares de chapines e dos pares de borzeguis.
... vn par de chapines.
... dos pares de chapines.
... siete pares de chapines e quatro pares de borzeguis viejos.
... ocho pares de borzeguis viejos e quatro pares de chapines.
... vn enboltorio de calcado viejo y tres pares de chapines.
…quatro pares de borzeguis e dos pares de botines y vn par de chapines.

Como vemos doña Juana contabiliza 74 pares de chapines, entre los que podemos ver que la mayoria en los que se indica el tejido, suele ser terciopelo o cetí. Otro detalle importante es que se establece una clara diferencia entre los chapines valencianos y el resto, hasta el punto de poseer 36 de los valencianos, lo que representa la mitad. Ademas en una de las anotaciones, deja bastante claro diez pares de chapines valencianos e uno sencillo, evidenciando que los de mayor calidad eran los valencianos.



Chapín veneciano de terciopelo verde. Siglo XVI.

También la emperatriz Isabel de Portugal poseia gran cantidad de chapines como consta en el Inventario de las ropas y alhajas de la Sra Emperatriz fecho en toledo año 1539. Archivo de Simancas, Casa Real, legajo 67, v°f 179-vof t8o,- Libro de cuentas de la recamara de la emperatriz.. desde 1529 a 1538. Archivo de Simancas, Contaduría Mayor 1ª época, legajo 464, sección CCCLXXI. Pero a esta documentación no he podido acceder a consultarla de ninguna manera y solo la conozco a traves de Ruth Matilda.



Los chapines de la Alhambra.


Al vaciar de escombros el hueco de una escalera de la Alhambra, se encontraron unos ejemplares bastante deteriorados, Bermúdez Pareja, conservador del Museo Nacional de Arte Hispano-Musulmán, proporcionó a Ruth Matilda Andersón la descripción de ellos y de su restauración, la que incorporamos integramente:

Se pudieron encajar cinco pedazos de corcho en un taco de las siguientes dimensiones: longitud total de la parte superior, 18,7 cm; longitud de la parte inferior, 15,3 cm; anchura máxima de la parte superior, 9,6 cm.; altura, 6,2 cm.

En el fragmento más importante habían sido ajustados cuatro corchos de diverso grosor y habían sido unidos con trozos de caña puntiagudos. La forma más común del taco era la que se elevaba en la parte del talón, se estrechaba en la parte delantera y posterior de la suela, y se ensanchaba por los lados.

Una cubierta de cuero al que faltaban los corchos y la suela arrojó luz sobre su fabricación. Constaba de cuatro piezas: plantilla, cerco y dos orejas. Primero, las orejas irían entreteladas y forradas, el borde superior terminado con una costura sobrehilada, y agujereadas con ojetes para los cordones. Luego, el cerco y las orejas se colocarían juntas sobre la plantilla e irían cosidas a ésta con hilo grueso, lino o cáñamo, con puntadas de medio centímetro de largo, después de lo cual el cerco podía doblarse hacia abajo y ajustarse al taco de corcho. Los extremos del cerco no se cosían sino que se juntaban a traslapo, quedando, a veces, el traslapo en la puntera del zapato como en la efigie de Juana la Loca, en Granada.

En otro chapín al que sólo quedaba una oreja, la suela se había cortado lo suficiente para permitir que el borde, recogido hacia dentro, se pudiera levantar un centímetro todo alrededor. Este borde que había sido reducido para que encajara uniformemente, iba cosido al cerco con un cabo de fibra con puntadas invisibles de 1,5 cm. de largo.

A la plantilla de este ejemplar había pegado un pedacito de papel en el que al abrirlo se pudieron leer las palabras lunes y martes en caracteres góticos ; debió ser parte de un antiguo almanaque.
Fragmento de un chapin (parte del corcho), Siglos XV-XVI. Conservado en el Museo Nacional de Arte Hispano-musulman. Granada.

Un chapín que conservaba los corchos pero que no tenía suela reveló otros detalles de construcción. La plantilla mostraba dos capas de cuero.

 El cerco y la capa externa de las orejas eran de piel de cabra y por completo forradas de lona. Además iban entreteladas con seis capas de papel delgado y una de cuero; las orejas tenían por forro otra capa de cuero, posiblemente de badana. La piel de cabra se doblaba sobre el borde superior, de cerca de medio centímetro de grueso, para que pudiera ir unida al forro al que se sobrehilaba con hilo fuerte de fibra Las dos orejas iban agujereadas con dos filas de seis ojetes, pero el enlazado hecho con un cordón de complicado trenzado de lino o cáñamo gris leonada recubierto con hilos entrelazados de seda carmesí es posible que no matenga su disposición original, sobre todo porque en éste no se hace uso de la fila exterior de ojetes , el método original de enlazado queda ilustrado en otro chapín cuyas orejas están agujereadas por cuatro filas de cuatro ojetes cada una y atadas por una cinta de seda a cuadros verdes y leonados de 1,1 cm. de ancho y con hirma sólo en un lado.

La decoración en estampado del chapín que se muestra en la fotografia, parece ofrecer el único indicio en cuanto a su fecha. El antiguo diseño guilloquis pasa por medio del largo de la plantilla y se repite cerca del borde superior del cerco. Bordeando este guilloquis hay una banda dorada que en la fotografía se ve muy difícilmente y bajo la banda unas hojas largas se extienden graciosamente a ambos lados de un animal agazapado.

El motivo que aparece encima del animal podría ser una estilización del pájaro que revolotea sobre una liebre agazapada o sobre un perro corriendo, en los azulejos mudéjares del siglo XV. A ambos extremos las hojas encierran un motivo como de una redoma taponada y recubierta de hojitas. Estos dibujos aparecen sobre un fondo de puntos y círculos estampados. Los motivos del cerco, delimitados por minúsculos puntos, van pintados en negro con los bordes dorados y los guilloquis van en negro con el centro dorado. Las orejas llevan los filos bordeados con otros estampados de círculos y puntos dispuestos en triángulos con el vértice apuntando hacia afuera. Una línea en negro de extremos redondeados se inserta alternativamente entre cada dos triángulos.

Chapín de cuero. Siglos XV-XVI. Conservado en el Museo Nacional de Arte Hispano-musulman. Granada.

Detalle de la decoración del chapín anterior.
Como se aprecia en el detalle del chapín, el tema decorativo, es el mismo que el de esta tela conservada en Burgos. Museo de Ricas Telas.

Los chapines del Museo Diocesano de Solsona.

Para estos chapines, mantenemos las descripciones de Ruth Matilda Andersón, publicado en Cuadernos de la Alhambra, nº 5. 1969, que fue quien en realidad pudo tenerlos a su alcance  y que nos parecen muy adecuadas.

En el Museo Diocesano de Solsona (Lérida) se conservan tres chapines de excelente factura y en magnífico estado de conservación.

La plantilla del chapín desparejado (Cuyas medidas son: longitud de la plantilla, 18,5 cm.; suela, 17,5 cm. x 12,0 cm.; altura de la puntera del zapato, 7,5 am.; altura del talón, 9, 2 cm.) va unida en la puntera y en el talón a una vira de cuero, y las orejas parecen estar entreteladas con piel de grueso de vaqueta '. Los extremos del cerco se traslapan en la puntera, donde se aseguran con una punta. La suela, de ancha forma ovalada, es completamente plana, sus rebordes ajustan tan bien y tan uniformemente que debieron ir pegados; no fue posible descubrir cosido alguno al cerco. Los fabricantes de chapines valencianos usaban un pegamento hecho de almidón, posiblemente a base de arroz ya que contrasta con la pasta de los encuadernadores que era de harina de trigo muy finamente cernida.

A ambos lados del cerco va un diseño de volutas de hojas, flores y un jarrón, rodeado de un punteado muy fino y realzado en un fondo estampado de puntos y círculos.

Este fondo está bordeado en las partes superior e inferior con triángulos punteados con el vértice hacia afuera y sobre cada triángulo aparece un círculo estampado de mayor tamaño.

En la parte posterior de las orejas se ven unos triángulos semejantes que luego terminan por ser el reborde del fondo de puntos y círculos de una voluta que va rodeando una flor. La parte baja del taco iba recubierta en su tiempo por una banda metálica y aquí los colores del cerco se conservan muy vivos. Parece que los dibujos estuvieron recubiertos de un pan de oro y pintados con barniz rojo, que conserva una calidad como de esmalte. Los bordes están delimitados con un pigmento blanco y una línea ondulada blanca forma un estrecho reborde en los bajos del cerco.

El par de chapines que parecen cortados sobre la misma horma para que se pudieran usar indistintamente en ambos pies, todavía conservan unas bandas de plomo sujetas con puntos del mismo metal que no se aherrumbra.

La longitud de la plantilla de los chapines de Solsona, unos 18,5 cm., parece demasiado escasa incluso para el breve pie de una dama española, los dedos de las que los calzaran sobresaldrían del taco de corcho. Como podemos observar en muchas de las representaciones de chapines, el pie sobresalia bastante de la superficie del chapín.


Chapin de cuero del museo diocesano de Solsona. Lerida.

Vista de la suela de un chapín del siglo XVI. Museo Diocesano de Solsona. Lerida.



Chapines de cuero, uno de ellos con virilla de plomo.
 Conservados en el Museo Diocesano de Solsona. Lerida.




Mujeres de Pamplona: señorita, anciana y dama, en una miniatura de 1570.


A la izquierda mujer de Pamplona. Xilografía de Hans Weiditz el Joven (1495-1537), A la derecha, en un dibujo de Cesare Vecellio.

Del manuscrito titulado dessins français du XVI siécle representant des costumes des femmee

La duquesa de Alburquerque dejó en 1479: un par de chapines forrados de raso carmesí con las orejas son de filigrana de plata dorada y cada una con siete bastones de esmalte la delantera, también de filigrana lleva ocho esmaltes…Según Rodríguez Villa, Antonio en (Bosquejo biográfico de Don Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque. Madrid, 1881, p. 239). Los bastones o bastoncillos, eran unas guarniciones por el momento poco conocidas, pero que al parecer eran especie de galón estrecho.




El chapin Rocamora.

No se aprecia dorado ni color en un hermoso chapín completo de piel de cabra color marrón perteneciente a la notable colección de D. Manuel Rocamora. El cerco, la plantilla y las orejas aparecen decoradas con una labor de estampado de diseño imbricado, un semicírculo de tres líneas de puntos concéntricas, encerrando una roseta de siete puntos más gruesos.

Las parte superior e inferior del cerco van bordeadas por dos rectas paralelas de puntos y, a continuación una fila de triángulos, todos ellos hechos con punzón  para puntos y círculos mayor e n las orejas, los triángulos y las imbricaciones pasan dos líneas curvas de puntos que en la parte superior empiezan más bien como una voluta para terminar en unas curvas entrelazadas que son casi círculos. Tiene cuatro ojetes en cada fila y el cerco termina con un traslapo en la puntera.




Chapín de cuero del Museo Rocamora de Barcelona. 
  




A continuación transcribimos algunos artículos de ordenaciones de distintos lugares y que tienen relación con los chapines.

Ordenanzas de la ciudad de Sevilla, dadas por los Reyes Católicos el 30 de mayo de 1492. Sevilla. Meinardo Ungut y Estanislao Polono. ADMYTE.

Otrosi porque a nos es fecha relaçion que algunos mercadores toman ensi los cueros vacunos a menos preçio dando dineros adelantados a los carniçeros o en otras maneras. E estos mercaderes los venden para fuera desta çibdad: y si los cortidores o çapateros o chapineros o otros oficiales que tratan oficio de corambres quieren comprar parte de los dichos cueros para los cortir y labrar no selos quieren vender los carniçeros diziendo que mas los quieren vender: o quelos tienen vendidos alos dichos mercaderes de manera que los han de dar alos mercadores o a los carniçeros mucho mayor preçio por los dichos cueros de lo que valen por tener que cortir para basteçer la çibdad y su tierra y por esta causa vale mas caro el calçado de lo que valeria si esta mala forma no se tuviese de que el pueblo  los dichos cortidores y oficiales que labran de las coranbres reçiben agravio y daño.

Porende ordenamos y mandamos que si de aqui adelante qual quier cortidor o çapatero o chapinero o otro oficial que oviere de cortir y labrar coranbres quisieren comprar de quales quier mercador o carniçero quales quier cueros vacunos que toviere para los cortir y labrar en la dicha çibdad y su tierra quel dicho mercader o carniçero selo de tanto por tanto como le avia de dar al mercader a quien el los toviere vendidos o quisiere vender y si asi no lo fiziere seyendo sobre ello requerido que qual quier de los alcaldes ordinarios o de los alcaldes mayores o de los fieles exsecutores selo puedan tomar y lo den al dicho zapatero…

Ordenanzas con que se rige y gobierna la república de la muy noble y leal ciudad de Valladolid, en las cuales se declaran todos. Ordenanza XXVI.  Para los Zapateros y Chapineros, que contiene nueve capítulos.

Ordenamos y mandamos, que ningún Zapatero, ni Chapinero, ni Borceguilero sea osado de comprar, ni compre él, ni otro por él, ningún cuero grande ni pequeño para suelas, ni para piezas para obra prima, ni para tosca, sin que esté señalado de la marca e armas de esta villa por los Veedores de los Zurradores, como arriba está dicho, so pena que el que otra cosa hiciere, por cada vez pierda lo que se le hallare haber comprado sin esta marca e señal, y más, pague trecientos maravedís, la cual dicha pena sea repartida en la manera susodicha.
Otrosí ordenamos y mandamos, que ningún Zapatero, Chapinero; ni Borceguilero sea osado de hacer ninguna obra prima ni grosera de cueros que no estén zurrados y bien raspados por el envés, porque los que llegan a comprar la obra no se engañen con atentar el cuero grueso, siendo aquel grosor de zumaque y raspas, por no estar zurrado, o estarlo mal, so pena que por la primera vez que cualquiera de ellos lo contrario hiciere, pierda toda la obra que de otra manera tuviere en su casa, e pague quinientos maravedís de pena, y por la segunda pierda la dicha obra, y pague mil maravedís, y esté treinta días en la cárcel, y por la tercera pierda la dicha obra, y pague dos mil maravedís, e sea desterrado de esta villa y su tierra por medio año, la cual dicha pena de maravedises sea repartida en la manera susodicha.
 Otrosí ordenamos y mandamos, que ningún Zapatero en zapatos que tenga la pieza de cabrón, eche los talones de badana, ni en ninguna otra obra de su oficio, Zapateros, ni Chapineros, ni Borceguileros echen mucho ni poco de badana entre cordobán, sino fuere en los aforros, so pena que el que lo contrario hiciere, e no vendiere la obra de cordobán por del todo de cordobán, y la badana por la badana, haya perdido todo lo que lo en su casa se hallare tener mezclado, y se reparta a los pobres, y más pague quinientos maravedís de pena por cada vez que en ello incurriere, repartidos en la manera susodicha, la cual, como dicho es, también se entienda con los Chapineros, para que no puedan en los chapines, ni en ninguna otra cosa que hicieren de cordobán, mezclar badanas, poco ni mucho, so la misma pena, repartida en tres partes, la primera para el que lo acusare, y la segunda para los Jueces que lo sentenciaren, y la otra para los propios de esta villa.
Otrosí ordenamos y mandamos, que ningún Chapinero ni Zapatero no haga chapín, ni pantuflo, ni alcorque, ni zuecos, sin echarles las soletas o palmillas dobladas y enteras, y de muy buen cuero la de encima, porque de hacelle de otra manera, la república recibirá mucho daño por lo poco que las dichas cosas durarían, lo cual mandamos que así se haga y cumpla, so pena de perdida toda la obra que de otra manera se hallare en sus casas, y más, que pague por cada vez quinientos maravedís de pena, repartidos en la manera susodicha, y la obra entre pobres.
 Otrosí ordenamos y mandamos, que ningún Borceguilero eche en borceguíes que hiciere de cordobán lengüetas de badana, sino del pescuezo del mismo cordobán, o de otro cuero de cordobán, que sea muy bueno, y recio, so pena que pierda todos los borceguíes que tuviere hechos; y más, pague trecientos maravedís; la cual dicha pena sea repartida en la manera susodicha, y la obra perdida, para los pobres.
Otrosí ordenamos y mandamos, que ningún Zapatero, ni Chapinero, ni Borceguilero, en ninguna obra de sus oficios echen suelas ni soletas de otros cueros, salvo de lo que se deben echar, so pena de perdida obra que se hallare de otra manera, y más, que pague por cada vez quinientos maravedís el que de ellos hiciere lo contrario, repartidos como dicho es.
 Otrosí ordenamos y mandamos, que ningún Chapinero, ni Zapatero, haga chapines, ni pantuflos, ni alcorques, ni zuecos con corchos de chapines o calzado viejo, porque sería muy gran engaño, y duraría muy poco, sino que siempre lo que hicieren sea de corchos nuevos, so pena de perdida toda la obra que de otra manera tuviere cualquiera de ellos hecha, y más, pague quinientos maravedís por cada vez que en ello fuere hallado, repartidos en la manera susodicha, y la obra entre pobres.
Otrosí ordenamos y mandamos, que todo el calzado y obra prima que se hallare hecha de cueros falsos y quemados, después de averiguado, se queme en la plaza pública y mayor de esta villa de día y de noche, y cabe las gradas de la picota que está en ella, y que un Pregonero diga en alta voz de los Oficiales que se hobiere tomado aquella obra falsa que se quema, o se dé a pobres, como al Corregidor le pareciere.
 Otrosí ordenamos y mandamos, que ninguna persona, vecino de esta villa, ni de los lugares de su tierra, pueda comprar ningún género de calzado de hombres o mugeres para tornarlo a vender, so pena que pierda lo que así hobiere comprado, y de trecientos maravedís por cada vez que lo contrario hiciere, repartidos en la manera susodicha, y la obra entre pobres.


Ordenanzas de tasas promulgadas por el Concejo de Villena en 1525.
Ordenanzas de los zapateros.

Ordenaron y mandaron los dichos sennores de concejo que, por quanto los çapateros llevan desordenados prescios por los çapatos, que ayan de llevar e lleven por un par de çapatos de onbre, llanos, real e medio castellano y de un par de çapatos de muger, llanos, treynta maravedis, que sean de cordovan.
Item de un par de çapatones de dos suelas, que lleven dos sueldos, de cordovan.
Item de unos pantuflos de onbre, cerrados, dos reales, de cordovan.
Item de unos borzeugis de cordovan, syete sueldos.
Item de unos borzeugis de badana, tres sueldos.
Item de unos alcorques de muger, tres sueldos, de cordovan.
Item de unos chapines de muger, tres sueldos, de cordovan, e que sea buena obra rescibidera so pena que sea quemada.
Item que sy llevaren los çapateros mas prescios de los desuso aclarados, que paguen, por cada vez y por cada cosa, veynte maravedis, los diez para las obras publicas e los diez para los executores.





Otras citas de autoridades.

Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639).
En Ganar amigos.

Doña Ana soy de Leon, si por ventura tuvieres, que eres forastero al fin, alguna necessidad, conoceràs mi verdad. Encin. Pon en mi boca el chapin.  Yn. Comoque enlla silla pudiese fincar mas ante cayo atierra del cavallo y començo de mal dezir asy mesmo y diziendo estas palabras…

En La cueva de Salamanca.

El cedazillo el rosario, que de esso les sirue ya el chapin, y la tixera, espejo de agua, o cristal? La candelilla, y sierpe de cera, que bueltas dentre el agua, y fuego, y prendas de la dama,…

En Los favores del mundo.

en cueros por las calles despreciado el Dios Machin, y como se vè tan pobre, y ciego, ha dado en pedir. En amaneciendo Dios, ya en chinela, ya en chapin de los nidos salen vandas...

Alfonso Martínez de Toledo. (1398-1470)
En Corbacho.

Fija de puta marica estiende byen esa falda a las vezes fazen commo por yerro que alçan la falda por mostrar el chapin o el pie o algun poco de la pierna miran luego commo que la vieron y non se lo cuydava y suelta la falda…
 Ay de mi cuytada Agora so disfamada y desonrrada y de quien de una puta vellaca suela de mi çapata o de un vellaco vil suela de mi chapin…

Juan Cortés de Tolosa. (1590- ¿?)
En El Lazarillo de Manzanares.

Iten, que traigan en lugar de chapines, pantuflos o zapatos de cuatro suelas, que no puedan traer cartón, ni decirse don, ni largo el talle, ni jugar con barros, ni estar…

En Un hombre muy miserable llamado Gonzalo.

tenía una ropa ceñida casi como la de su marido: fue muger de gran memoria, pues se acordó por donde se avía de poner la basquiña. No he visto yo chapines como los suyos, pues por su gran antigüedad, tenían dentro del mismo corcho cascabeles, cuyo color era el de unos guadamecíes…

En El licenciado Periquín.

diziendo a su marido que la tenía acabada, dixo Pedro: -¡Pues, es, mi señor, el tiempo! ¡Nunca tal huviera dicho!, porque, después de tirarle los chapines, dixo que el criado o ella en casa; a quien, por lo mucho que él devía, rogó no se fuesse…

Mateo Alemán. (1547-1615).
En Guzmán de Alfarache.

Cuando en su casa entró, como una loca soltó los chapines, dejó caer de la cabeza el manto y, arrastrándolo por detrás, alzando con las manos las faldas por delante, que le impedían el correr…
Son por lo general avarientas. Empero con todas estas faltas, desdichada de la casa donde sus faldas faltan. Donde no hay chapines, no hay cosa bien puesta, comida sazonada ni mesa bien aseada…

Alonso de Ercilla. (1533-1594).
En La Araucana.

Sin escuchar la plática, del todo llevados de su antojo caminaban; mujeres sin chapines por el lodo a gran priesa las faldas arrastraban; fueron doce jornadas deste modo y a Mapochó al fin dellas arribaban…

Francisco Delicado. (1485-1535).
En La lozana andaluza.

Loçana. -No me lo mande vuestra merçed, que voy a pagar un par de chapines allí, a Batista chapinero.  Germán. -Pues entrá, que buen remedio hay. Ven acá, llama tú a aquél chapinero. Surto.-Señor, sí qué defendernos del frío. Sustituto.-Señora Loçana, esso es poca cosa para vuestra merçed. Yo daré una cana de medida d'estameña fina, y çapatos y chapines, y dexáme luego la medida, que mañana, antes que vos, señora, os levantéis, os lo llevarán…

Luis de León. (1527-1591).
En La perfecta casada.

¿Es por ventura alguna de ellas pequeña? Embute los chapines de corcho. ¿Es otra muy luenga? Trae una suela sencilla, y anda la cabeza metida en los hombros, y hurta esto al altor...

Luis Vélez de Guevara. (1579-1644).
En La Serrana de la Vera.

todo prontamente buena que me conozen, y no quiero meterme agora a caballera y hazerme muger de piedra en lo espetado y tiesso, encaramada en dos chapines, padre, y con un verdugado hecha campana, lominaria con una lechuguilla, aprendiendo de nuevo reverenzias, que será para mí darme…

En El diablo está en Cantillana.

Rodrigo. -Estaba por besarte los chapines  mil veces, honra de España, a ser casta cortesía. Perafán. Ya, Rodrigo, no nos hablas.

Teresa de Jesús. (1515-1582).
En el Libro de las Fundaciones.

ella rogó a su aya que fuese a uno de los padres a pedir que la dijesen una misa; y en viéndola ida, metió sus chapines en la manga, y alzó la saya, y vase con la mayor priesa que pudo a este monasterio, que era harto lejos…

Antonio de Guevara. (1481-1545).
En el Libro primero de las epístolas familiares.

¡Qué placer es de ver a una muger levantarse de mañana, andar revuelta, la toca desprendida, las faldas prendidas, las mangas alzadas, sin chapines los pies, riñendo a las mozas, despertando a los mozos y vistiendo a sus hijos!...
En Aviso de privados y doctrina de cortesanos.
No sé en qué cae esto, que vemos a una mujer que trae sobre sí una madeja de cabellos, una cofia, un trenzado, un tocado, unos chocallos, una gorguera, una camisa, una basquiña, una saya, un mongilón, un manto, unas gargantillas, ajorcas, unos anillos, unos chapines, un sombrero, y puede traer sobre su cuerpo toda esta ropa, y no puede guardar en su pecho una palabra secreta.

Alonso de Castillo Solórzano. (1584-1648).
En Lisardo enamorado.

orillas del cristalino río las presencias de sus amados dueños, que, con la licencia que permiten las salidas al campo, depuesta la autoridad de los chapines, le secundaban, pisándole con menos embaraçoso calçado, con que se manifestaban mejor los buenos talles…
A todo esto había estado muy atenta la dama, en cuyo cuarto pasaba lo que oís, y, habiendo ya cobrado sus chapines, agradeció a todos su cortesía en el haber compuesto su disgusto en su presencia…
Esta suficienciale faltó de su boca el abrenuncio; que en el trono de su idea penaba por estatutos al respecto sin chapines y al decoro sin pantuflos…
la apreté una mano, reparó en mí, y conociéndome, se retiró adentro donde se emboçó como mejor pudo, y, con los chapines en la mano, se salió comigo…
Estaba en ella una hermosa dama en su estrado con sus criadas haciendo labor, y como viese súbitamente entrar aquella gente en su cuarto con espadas en blanco, con más ánimo que se podía esperar de su flaco sexo, dexando la autoridad de los chapines, se puso delante de don Jaime, que  vió ser a quien ofendían los cuatro, y ya le tenían herido en la cabeça…

En Las harpías en Madrid.

su determinación con fuerzas y asimismo el escudero por su parte, mas venciendo esta dificultad la astuta Feliciana se arrojó por el estribo sin chapines y algo descompuesta del manto y comenzó entrarse por la casa del milanés diciendo…

En La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas.

Mil veces -dijo don Jaime- beso la tierra que pisan vuestros chapines, pues aun della, con el favor que de vos recibo, no es digna mi boca….
viéndome en esta confusión, afligida con la muerte de mi amante sólo tomé por remedio dejar los chapines, y con las basquiñas en la mano, a todo correr, irme a casa de un conocido de mi padre, muy pobre y anciano,…

Feliciano de Silva. (1491-1554).
En la Segunda Celestina.

Quincia. Muy bueno. Pandulfo. ¿Bueno, dizes, por mi vida?, pues yo te mando unos chapines.  Quincia. Yo te diré qué tal, que esta mañana cuando passóde mi señora a la de esas reinas y princessas que dizes…
Areúsa. ¡Ay, madre!, ¿qué ha sido esto?; que desde la calle del Arcediano vengo los chapines en las manos por venir más apriessa. Elicia. ¿Y cómo, prima, y tú no lo sabes?...
tía señora, que, en fin, yo te prometo que si Marina bailó, que tome lo que halló; que cosa no le dexaste en la cabeça sana, ni le dexé, con los chapines  y la rueca; y enhoramala, porque no tenía cavellos, que como me dexó las guedejitas que traía la borracha, a cabo de su vejez…

Luis de la Puente. (1554-1624).
En la Vida del P. Baltasar Álvarez.

Otra vez entró en la iglesia con chapines y báculo, y venía, al parecer, autorizada; y como el Padre Baltasar la vió entrar, llamóla, y díjola si quería hacerse dueña, o señora…

Gabriel Tellez, llamado también Tirso de Molina. (1583-1648).
Poesías.

Unos buscaban sus capas, mujeres sus mantellinas, otras sus chapines buscan, cayéndose de ir a prisa. Segunda noche, del jueves, por la orden de la Villa, hubo máscara famosa de una tramoya exquisita…

Comedias religiosas.

pues por malas os señalo, y a las que nos dais veneno, decid lo que tenéis bueno, diré lo que tenéis malo. A los chapines. Vengamos al fundamento sobre que el mundo fabrica de libia avia una çibdat que era cabeça que llamavan Tebas...
Fernando No sé yo que haya en España tan escabrosa montaña. Pascual Mala es para con chapines.  Dad acá la mano.(Van bajando) …
Loca soberbia de España que el mundo has vuelto al revés, ¿con plata, que es tu interés, coronas chapines vanos? ¿Lo que afanaron tus manos es bien que pisen los pies?...

En Desde Toledo a Madrid.

Salen doña Mayor, en zapatillas, y don Baltasar, trayéndole los chapines.  Baltasar: -¡Linda traza! Mayor: - Como la vuestra, aunque con algún peligro. Mil veces pensé caer…

En El melancólico.

faldas, anillos, y ojalá no con zarcillos, si ya no son orejeras para que queden iguales con la dama más curiosa, no faltaba ya otra cosa que chapines y corales. Quitáoslos, que no debéis dar gusto a quien os los puso…

En los balcones de Madrid.

como grulla ya se extiende, ya se encoge, y celebrando mi industria en el otro se incorpora con invención tan segura que pueden pasar por él los chapines de una viuda. Que yo subí por encaje. Leonor: - Sí, pero Corral, ¿quién duda que en viéndolo los que pasan nuestra opinión no destruyan?

En El amor médico.

¡Oh anascote, oh caifascote, oh basquiñas de picote; oh ensaladas de tomates de coloradas mejillas, dulces a un tiempo y picantes; oh chapines no brillantes, mas negros y con virillas; oh medio ojo que me aojó, oh atisbar de basilisco; oh tapada a lo morisco…

En El celoso prudente.

Gascón: -Chapines he visto yo de corcho y altura tanta que a una enana hacen giganta; pero ¿quién chapines vio que puestos en la cabeza, ensalcen a una mujer tan alta, que ya es alteza?
Lisena:  -También, Gascón, para vos de chapines servirán; también os levantarán.

En La celosa de sí misma.

La banda que el pecho atraviesa, vueltas y guantes de achiote, guantes de pita, y firmeza. Escapulario y basquiña de peñasco, a la frailega, chapín con vira de plata, crujiendo a ropa de seda, la camándula en la mano.

Juan Rodríguez Freyle. (1566-1640).
En el carnero.

Dios me oiga y el pecado sea sordo, no quisiera que lloviera sobre de mí algún aguacero de chapines que me hiciesen andar a buscar quien me concierte los huesos, pero yo no sé por qué, yo no las he ofendido.

Miguel de Cervantes Saavedra. (1547-1616).
En el curioso impertinente.

Camila: -¡Jesús mío! Lotario: -Anselmo, tente. El defenderme es forzoso. (Sale Camila sin chapines y descompuesto cabello y ropa) Camila: -¡Ay, infelice mujer! ¿Por dónde podré escaparme? …
Venían las damas en jamugas con bohemios, sombreros con plumas y mascarillas en los rostros, los chapines, con plata, colgando de los respaldares de los sillones; y ellos, unos con portamanteos, las capas dobladas debajo…
le dijeron que los dejase jugar su excelencia, que estaban picados; que después harían lo que les mandaba; viniéndose el Duque con el Marqués de los Chapines, que era un pobre que andaba arrastrando, y de la cintura arriba muy galán, y estaba entreteniendo las damas…

En la entretenida.

Gozáis del justo botín y de la limpia chínela, y os reís de la arandela y del dorado chapín.

En la Gitanilla.

Oyendo esto la turbada señora, soltó los chapines, y desolada y corriendo salió a la sala adonde había dejado a Preciosa, y hallóla rodeada de sus doncellas y criadas, todavía llorando.

En Rinconete y Cortadillo.

Oyéronlo los de dentro, y alborotáronse todos de manera que la Cariharta y la Escalanta se calzaron sus chapines al revés, dejó la escoba la Gananciosa, Monipodio sus tejoletas, y quedó en turbado silencio toda la música; enmudeció Chiquiznaque,…

Jacinto Polo de Medina. (1603-1676).
En el buen humor de las musas.

Si cortas alguna ropa, dice el sastre que te viste a ti con sola una vara y a tus chapines con quince fizieron grand fiesta a nuestro señor ihesuxpisto, los angeles y mostroles el especialidad de temor. El segundo dia fizieron
a luz por vuestra vida, porque nos diga su rostro si se parece a su padre en lo simple y en lo bobo. XV - A una dama muy pequeña sobre unos chapines muy grandes Apéate, ninfa enana, de estos gigantes chapines, o me subiré sobre ellos para que puedas oírme;…
Sin duda estaba en menguante la luna cuando te hiciste, y en la cola del dragón el sol padeciendo eclipse. Pero tus chapines creo que, en su parto y en su origen, el sol doraba del toro los cuernos y las narices;…

Antonio Mira de Amescua. (1574-1644).
En La adúltera virtuosa.

Otra vez el Pirineo derritió sus blancas rocas vertiendo sierpes de pala que por su falda se enroscan; que alegres del casamiento, pienso que hacía de todas virillas, para adornar los chapines de mi esposa.
Rey: -(¡Oh, España, perfeta. Aparte región, cielo en serafines, a quien el orbe respeta, muerto soy!)  Para chapines os doy, duquesa, a Gayeta.   
Juana: -Merced de esas manos es.
Rey: -          Y a Coloneta posean vuestros pies; que razón es que estos dos ciudades sean chapines de vuestro pies.

En La Fenix de Salamanca.

Alejandra. Toma, guarda esos chapines.  Ponen los chapines con el vestido sobre el bufete. Villena. No prometen buenos fines bodas con tan poco gusto. (Vase.) …
Alejandra. (Aparte.) ¡Ay Dios, qué gentil mancebo! Tras él se me van los ojos. D.ª Mencia. ¿Hay chapines?  Alejandra. Sí. D.ª Mencia. Pues muestra. Alejandra. ¿Caerás con ello?
Entran Villena y Funes, el uno trae un vestido de mujer y manto, y el otro, unos chapines con virillas de plata. Leonardo. Aquí están Villena y Funes. Alejandra. Platero y sastre Perez maestre de la orden de Sanctiago…

En Callar en buena ocasión o Muerto vivo y enterrado.

Llego el ultimo festin. Dançar el amor me manda; y en vez de lienço una vanda saco la ynfanta. Y en fin finxio torçerse un chapin alborotose la jente y ella, amante tan prudente, con la vanda me dexo y, a su asiento bolvio, como el sol a su poniente…

En La vida y muerte de la monja de Portugal.

Tabaco: -¿El pedir no se le olvida, siendo santa? Teresa: -Siendo monja, ¿cómo puedo? Tabaco: -Santa mía, si Dios a¿Toscos y negros chapines he de romper y sufrir, y a media noche acudir desvelada a los maitines? Cuando telas y espolines a la vista el siglo enseña…

Pedro Calderón de la Barca. (1600-1681).
En la hija del aire.

¿Pues qué habiendo de asistir al desnudar y vestir? Y más si, tal vez, la vieras, por los hombros un manteo, en chapines ir andando con los pies de águila, cuando es necesario el deseo, llegaras a conocer que tú mirándola estás como una mujer no más…

En La dama duende.

salen Don Juan y doña Ángela con manto y sin chapines.  Don juan: -Aquí quedarás en tanto que me informe y me aconseje de la causa que a estas horas te ha sacado de esta suerte de casa; …

Juan Pérez de Montalbán. (1602-1638).
En La monja alférez .

Guzmán: -Pese a mí, ¿qué he de volver? ¿No ves que me viene largo? Machín: -Pues ponerte los chapines. Guzmán: -Chapines, ¿estás borracho? Suenan dentro cuchilladas y alguien desde dentro dice): -Deténganse, caballeros. Otro: -¡Vive Dios, que he de mataros!

Lope de Vega. (1562-1635).
El hidalgo de la Mancha.

para poder saber sinon solo dios el qual la conosçe y inclina donde le plaze por tanto los que de tales cosas fazen juyzios determinados que si en chapines me veo a todos mis insulanos como un gerifalte tengo de gobernar hasta el cabo; …

En Peribáñez y el comendador de Ocaña.

Mas, mientras los gallardos paladines armados tiran tajos y revesses, presentóle Medoro unos chapines, y entre unos verdes olmos y cipreses, gozó de amor los regalados fines, y la tuvo por suya treze meses.

El laberinto de Creta.

Pasó Riselo y les dió un doblón para alfileres, y Fabio para chapines, que pies celebraba siempre. Pasó Bato y no dió nada, y las pastoras, al verle tan cobarde en el dativo, …

La buena guarda o encomienda bien guardada.

Si ellas salen a las nueve con un manteo bordado de entre el cambray delicado, como unos copos de nieve; y puestos en sus chapines los pies, aun no se persinan, que como grullas caminan al estrado…

En La Dorotea.

Los cultos deste tiempo sabrán mucho de calzas, porque todo es calzar estrellas, calzar flores, nubes, noches, soles, y aun ponelle chapines a la Luna, como si fueran a propósito para andar buscando a Endimión por el monte Lathmo.
aunque decirlo espanta, por ser como era el salto cinco suelos en alto, hasta el alero del tejado fines, que no perdió ninguna los chapines; quedando el negro amante, después de tan extraños desconsuelos, muerto de risa en acto semejante….
con cuchares de palo por espadas, que de galas quedó todo sembrado: naguas, jaulillas, guantes, figas, moños, rosetas, gargantillas y arracadas,  chapines, orejeras y zarcillos; y porque defendió llegar Malvillos a robar a la novia, dio dos cabes, como Hércules a Licas…

Cartas.

por indulgencias, ver mujeres y escuchar donaires tan fríos como el difunto, que ni las mujeres piensan que una calentura las puede bajar de los chapines ni los hombres del engaño el privilegio de teñir las canas…

La niña de plata.

Marcela: -Creyéralo, como fueras o veinticuatro o jurado. Félix, el ánimo tuyo bien conocido le tengo. A comprar chapines vengo, que por momentos destruyo. Félix: -Alabo tu discreción; que viendo las prendas mías, no dijiste que venías por tela, raso o gurbión, no por holanda o cambray, no por cortes milaneses, puntas y encajes franceses, que por estas tiendas hay.  
A chapines te humillaste; concierto haremos los dos, porque parece, por Dios,          que mi bolsa consultaste. Por la discreta humildad,  añado a chapines guantes; que dan cosas semejantes galanes de voluntad.    
Marcela: -Por tu vida, que te engañas; que no te brindo a chapines; voy con diferentes fines, que verás si me acompañas; que el gastar tantos agora es buscar casa.

En La noche de San Juan.

Celio; - No hay en el mundo caudal para chapines y randas, pero todo lo merecen. Mendoza: -Brava guerra nos ofrecen con las celadas y bandas.

En Las ferias de Madrid.

la gente de Guinea dejarse cautivar de zarandajas, puesto que para galas bueno sea, así se dejan ir por prendas bajas, sortijas, escritorios y chapines,  confites, diacitrón, conservas, cajas...

En el Triunfo de la humildad y soberbia vencida.

 Si los chapines le ves, mira que no hay serafín con tanto corcho en los pies. Fue discreción del primero, que en los pies corcho les puso: símbolo el más verdadero, pues su edificio compuso sobre cimiento ligero.

En La discordia de las casados.

Si hay lodos, fingen limpieza y el chapín, no digo el pie como en la tienda se ve, bajos son, pero es bajeza.

Luis de Góngora y Argote. (1561-1627).
Letrillas.
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Digo que treinteno, ¡oh qué bueno! Pero que a muchos amantes les sepa una dama astuta, encareciendo su fruta, pedir chapines y guantes, haciéndolos San Cervantes no habiendo en Tajo nacido, siendo en efecto fingido todo su amor y regalo, ¡oh qué malo…
O assi si la quien loca, pisando ayer las nubes de sus chapines, desafió serafines a volar ala por ala. Este mundo es una escala: unos la suben y otros la bajan.

Romances.

De Tisbe y Píramo quiero,ya habéis visto el diente, entre mozuela y rapaza, pocos años en chapines,  con reverendas de dama. Señor padre era un buen viejo, señora madre una paila; el dulce favor implora, conserva de calabaza….

Agustín Moreto. (1618-1669).
Los jueces de Castilla.

Sancho: - Sí, Señor; labro.  Peláez. - ¿Qué labráis? Sancho: -Labro  chapines.  Peláez: - ¿Chapines? ¿De qué? Sancho: - De barro. Peláez: - ¿Qué fablas? Sancho: - Faréme un jarro, Si non te vas a los fines.

De fuera vendrá.

Doña Francisca: - Ya yo tengo el manto puesto. Margarita: - Y yo el manto y los chapines. Doña Cecilia: - Chichón, ¿no ve que le espero? Venga ya; que él es peor. Chichón: - ¿Dónde? Doña Cecilia. A la calle Mayor…

En La ocasión hace al ladrón.

Beltrán: - Serafín bien puede ser; Mas no creo en serafines, que por andar en chapines  son fáciles de caer. Y serafines caídos ya tú ves que son demonios…

En Primero es la honra.

Porcia: - Déme tu alteza los pies. Torrezno: - Y los chapines a mí. Reina: - Porcia. ¿qué te ha sucedido? Pues ¿qué novedad es esta? ¿Tú llorosa y descompuesta?...

Francisco de Quevedo. (1580-1645).
En el Entremés de la venta.

Guevara: - ¿Sola? Aquí estamos todos. Grajal: - Cuenta con los  chapines y los codos. Aquí cantan y bailan. Músicos: - Todo se sabe, Lampuga; que ha dado en chismoso el diablo, y entre jayanes y marcas nunca ha …

En La Hora de todos y la Fortuna con seso.

Traía por chapines una bola sobre que venía de puntillas, y hecha pepita de una rueda que la cercaba como centro, encordelada de hilos, trenzas y cintas,…
Asistíala, como asesor de cachivaches, una dueña, calavera confitada en untos. Estaba de rodillas sobre sus chapines, con un moñazo imperial en las dos manos, y a su lado una quisiera…

Sentencias: de la mundana falsedad y las vanidades de los hombres.

En esto entró una que parecía mujer, muy galana y llena de coronas, cetros, hoces, abarcas, chapines, tiaras, caperuzas, mitras, monteras, brocados, pellejos, seda, oro, garrotes, diamantes, serones, perlas y guijarros…
Y veo una muchedumbre de mujeres, unas tomándose puntos en las caras, otras haciéndose de nuevo, porque ni la estatura en los chapines, ni la ceja con el alcohol, ni el cabello en la tinta, ni el cuerpo en la ropa, instante objetos amorosos,…

En un romance.

                  Y por ponerse chapines
                  alzacuello y verdugado,
                  sin saber lo que se hacía
                  dió á su marido la mano.

En Los sueños.

Si la besas te embarras los labios; si la abrazas, aprietas tablillas y abollas cartones; si la acuestas contigo, la mitad dejas debajo la cama en los chapines; si la pretendes te cansas; si la alcanzas te embarazas; si la sustentas te empobreces; si la dejas te persigue; si la quieres te deja.
acompañamiento, y no sabía imaginar quién pudiese venir…
los criados porque nos guardamos; los de fuera por el coram vobis de responso, y tienen razón, porque ver una de nosotras encaramada sobre unos chapines, muy alta y muy derecha, parecemos túmulo vivo. ¡Pues cuando en una visita de señoras hay conjunción de dueñas!...

Mariana de Carvajal y Saavedra. ( 1600-1664 )
Navidades de Madrid.

La última fuente venía colmada de guantes, chapines, rosarios de alcorza, con otras diferencias de peces, tortugas, encomiendas, pastillas..., con tanto oro y ámbar que dejó admirado a don Vicente…

Baltasar Gracián. (1601-1658).
Oráculo manual y arte de la prudencia.

También los hinchados hablan con eco, y como su conversación va en chapines de entono, a del Camarero mayor. Batricio: - Todo es mal agüero para mí, pues le han de dar junto a mi esposa lugar.

Lope de Rueda. (1505-1565).
En el paso del Rufian cobarde.

Sebastiana:  -¡Pues no será! ¡Si en mi vida le he visto traer chapines! Estepa: - Dejémonos de gracias, doña bruta, andrajo de paramento. Y vos, don ladrón, tomá vuestra espada.

Pedro Espinosa. (1578-1650).
Soneto a la Asunción.

Por manto el sol, la luna por chapines, llegó la Virgen a la impírea sala, visita que esperaba el Cielo tanto. Echáronse a sus pies los serafines, cantáronle los ángeles la gala, y sentóla a su lado el Verbo santo.

Francisco de Rojas Zorrilla. (1607-1648).
Progne y Filomena.

(Sale FILOMENA bañada en sangre, suelto el cabello y sin chapines). Iba a buscar un indicio, Y encontré con un agravio. Ángel bello, dulce esposa, Ignorado serafín. ¿Quién tu rostro de jazmín tradujo purpúrea rosa?...

Juan de Luna. (1575-1644).
En la Segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes : sacada de las crónicas antiguas de Toledo.

Fuime a casa de la sastresa: hallé la casa revuelta, y al sastre, su marido, que la molía a palos, por haber venido sola sin manto ni chapines, corriendo por la calle con más de cien muchachos tras ella.
A pocas calles andadas encontré con una mujer de verdugado y chapines de más de marca, puesta la mano en la cabeza de un muchacho, un manto de soplillos, que le cubría hasta los pechos. Preguntóme si sabía de que huía como del diablo: porque siempre quise más comer berzas y ajos sin trabajar, que capones y gallinas trabajando. Diome el manto y los chapines  en llegando a casa, para que los diese a la criada. Vi lo que deseaba; no me agradó mal la mujercilla: era briosa, morenica y de buen
a la justicia! Oída esta palabra, huyeron los unos por aquí, los otros por allí; unos dejaban los herreruelos, los otros las espadas; ésta dejaba los chapines, aquélla el manto, de manera que todos desaparecieron, escondiéndose cada uno lo mejor que podía…

Gonzalo de Céspedes y Meneses. (1585-1638).
En Varia fortuna del soldado Píndaro.

asomándosse un hombre, se quería entrar por ella; con lo qual, apresuradamente soltando los chapines, apechugó a cerrarla, y como si realmente hablara con alguno, levantando la voz, dixo de aquesta suerte…

Bartolomé Leonardo de Argensola. (1562-1631).
En una Rima.

Revuélvense del orbe los confines, y el oro universal, dueño de todo, a los reinos extraños se remonta. Tiembla la tierra y pónese en chapines,  y el nudo universal está de modo, que si no se desata, tanto monta….

Diego de Torres Villarroel. (1693-1770).
En Visiones y visitas con Don Francisco de Quevedo.
 
una gorguera de un sayagués por capa, y aún le hacía roscas en la tierra. Era una tortuga en zancos, cucaracha con chinelas y escarabajo con  chapines  Cierto presumí que fuese figura de las Covachuelas que se había escapado a las Gradas…

Juan Uzeda de Sepúlveda. (Siglo XVI)
La Comedia Grassandora. 1540.

          Sin herrar,
         abades suelen cenar
         esta fruta ya en sus platos,
         y les dan vestir y calçar
         chapines, tocas y mantos.
         Y an d’essas consejas,
         derreniego de putas viejas
         y aun de canónigos gruessos,
         qu’ellos les pelan las cejas
         y a nosotros tyran los huessos.

Francisco López de Úbeda. Probablemente un seudónimo. La unica obra conocida se publicó en Medina del Campo, 1605.
En Libro de entretenimiento de la Pícara Justina.

Callo la historia de la perra y aperreada Jezabel y otros cuentos de las historias sacras, de hombres cuyos verdugos fueron sus mismos gustos, que en chapines de tan altos cuentos no me atrevo a andar sin caer…
Con esto, gané la apuesta, que fue unos chapines, con que me engreí; aunque miento, que con ellos me humilló mi novio. Pero esto no es de aquí, sino del medio…
Ya era otra cosa; ya los principotes de mi pueblo me miraban con otros ojos; ya me llamaban de merced y las gorras bajaban tantos puntos que llegaban a dos corcheas, y aun al corcho de mis chapines…
Sin duda era mala visión. Toda ella junta parecía rozo de roble. Era gorda y repolluda. No traía chapines, sino unos zapatos sin corcho, viejos, herrados de ramplón, con unas duras suelas que en piedras hacen señal…

Anónimo. Atribuido por algunos a Luis Velez de Guevara.
En El rey don Alfonso, el de la mano horadada.

Atended a vuestro gusto, doña Urraca, por ahora, que se quejará Zamora que non facéis lo que es justo. Y si os cansan los  chapines,  en el mi trotón rodado podéis saliros al prado a caza de matachines. Si la bayeta os enfada, poneos un verde monjil de Bretaña…

Cancionero de la Academia de los Nocturnos de Valencia extractado de sus actas originales por D. Pedro Salva
Redondillas á cierta señora que por habérsele roto el chapín dejó de ir a cierta estación.

Amor con trazas ruines
porque mi dichosa traza
no tuviese alegres fines,
colérico despedaza
el corcho de tus chapines.

Alonso de Villegas Sehago.
Comedia llamada Salvagia. 1554.
 
Risdeño: -Ya, triste de vos, padre, ¿no consideráis el caso? á quien no pusimos vida va con chapines á misa. Pues dime , i qué ves en el mundo, que te cuentas por enamorado? 
Carduel. -¿Qué tengo de ver? ¿-Soy algún enano como vos para no sello? 

Diego Hurtado de Mendoza.
Otra segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes. Sacada de las crónicas antiguas de Toledo.

A pocas calles andadas, encontré con una muger de verdugado y chapines de más de marca, puesta la mano en la cabeza de un muchacho, un manto de soplillo, que lo cubría hasta los pechos: preguntome si sabía de un escudero: respondile no sabía de otro sino de mí, y que si le agradaba podía disponer como de cosa propia.


Col·loqui de dames- Trancscripción de Llúcia Martín, ms 151 B. U. de Barcelona, conocido como Jardinet d'orats. Editado por Ramon Miquel i Planas, Cançoner satirich valencià, Barcelona.

                  Quant ve a Nadal, jo he strenes
                  del qui·m ve gana:
                  tapins e gants, calçes de grana,
                  tinch una caxa. 
                  Despuix, en huna cambra baixa
                  no·m cap lo li:
                  lansols, tovalles, huna sens fi!


                  Y grahiu-ho al loch hon som,
                  que hom vos darà 
                  tapinades per la cara
                  més que fulles;
                  fastig n’an les parafulles
                  del taginat,
                  vós hajau axí gosat
                  manar callar
                  al qui us pot, sens peccat, cagar
                  enmig la barba.


                  Ay, si vesses quines banques
                  té de tapins!
                  ja no valen tres garrofins
                  ses eynes;
                  fressa leixan de porrines
                  ses axelles;
                  molt té seques las canyellas
                  de pits e cames; 
                  los seus brassos semblen rames
                  de carrascha,
                  per marit la tingué basta
                  qual no troba,
                  y met en veu sa pocha roba  1050
                  per què li’n donen;
                  ja los ayres se’n confonen
                  de tal porrera!





A continuación 12 dibujos del manuscrito titulado Das Trachtenbuch des Christoph Weiditz von seinen Reisen nach Spanien (1529) und den Niederlanden (1531/32)


A continuación tres dibujos del Codice Madrazo-Daza.






Prostituta de las casas publicas. De gli Habiti Antichi e moderni di Diversi Parti di Mondo. Cesare Vecellio.





Joven de la campiña o artesana de Parma. De gli Habiti Antichi e moderni di Diversi Parti di Mondo. Cesare Vecellio.



Vestido a la moda de las mujeres nobles de Génes. De gli Habiti Antichi e moderni di Diversi Parti di Mondo. Cesare Vecellio.


Noble siciliana con vestido para asistir a fiestas publicas. De gli Habiti Antichi e moderni di Diversi Parti di Mondo. Cesare Vecellio.

3 comentarios:

  1. Los dibujos atribuidos al Códice Madrazo-Daza no son tales. Pertenecen a un manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Nacional desde 2010, con dibujos a plumilla y acuarela de indumentarias del siglo XVI. En algún caso se han atribuido a Weiditz.

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  2. Hola, gracias por las investigaciones presentadas. Respecto al uso de chapines como prenda masculina, estoy trabajando un documento de 1734 de Manila donde dice así: "que por el título le llevaron ciertos ochavos con el título de pitanza eclesiástica, y chapines para los Canónigos." ¿Podría ser esto una referencia a chapines de hombre? ¿Podría ser que el autor esté usando el término aunque se refiera a otra cosa distinta de los chapines altos descritos aquí? Me interesa saber su opinión porque voy anotando este documento y francamente me parece extraña esta frase y no entiendo muy bien la referencia.

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  3. Saludos Vicent:

    Por pura casualidad me he encontrado con tu blog. Es extraordinario. Con tiempo, le voy a estudiar tranquilamente para disfrutar de tu trabajo. Gracias por ofrecer tanto entusiasmo

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